Lola se va a África

Lola se va a África

Anne Villeneuve: Lola se va a África. Barcelona: BiraBiro, 2015

 

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Las relaciones entre hermanos dan pie a múltiples y diferentes historias. El relato que escribe e ilustra Anne Villeneuve tiene como punto de partida esos conflictos que tan familiares nos pueden resultar, con la particularidad de que no profundiza en las singulares relaciones de Lola y sus hermanos, sino que opta por crear una historia cargada de ternura en la que da rienda suelta a la imaginación de una niña entrañable que encuentra en algo llamado África un lugar en el que refugiarse de su día a día.

Y es que Lola está harta de sus hermanos, unos trillizos “malos, horribles y asquerosos” que la sacan de quicio y la hacen blanco de sus travesuras. Con una pequeña maleta con lo que considera imprescindible, su gato, su juego de té y su mejor dibujo, pone rumbo al lugar más lejano que conoce: África, no sin antes despedirse de unos atareados padres que le aconsejan que no llegue tarde y que no se resfríe. No tardará mucho en llegar a “su África”, la copa del árbol de su jardín. Es entonces cuando conocemos a la persona que acompañará a Lola en su especial periplo y quien le hace ver que África está más lejos. Gilbert, el chófer de su madre, seguirá a la niña en su juego, lo fomentará otras veces, y le dedicará aquello que Lola más necesita: tiempo. Si ella es una niña encantadora con un punto de travesura, él es todo ternura. Juntos montarán en barco, en avión y en camello, atravesarán el desierto, navegarán por aguas llenas de pirañas, verán serpientes y jirafas y se tomarán el té en una espectacular puesta de sol; un día inolvidable que no hará que los problemas de Lola desaparezcan, pero sí que sean más pequeños.

Anne Villeneuve construye esta historia en torno a dos personajes caracterizados para dejar huella en el lector, a un juego donde la imaginación es la protagonista y al contraste de los discursos visual y verbal, algo que consigue la sonrisa del lector y hacer la historia aún más entrañable si cabe. No falta, por tanto, el humor, un humor de sonrisa continua propia de una historia con un encanto especial. Tampoco falta el ingenio o la reflexión sobre el tiempo que dedicamos a los pequeños.

La lectura de Lola se va a África es todo un placer, tanto por el contenido, con un texto ágil, muy cercano a los niños, y unos personajes inolvidables, como por las ilustraciones, sencillas, con la calidez y expresividad de las imágenes a acuarela, gracias a las cuales su autora ha sido reconocida con diferentes premios.

BiraBiro es una joven editorial con un variado catálogo. Hemos querido comenzar por este cuidado álbum ilustrado en el que se verán reconocidos grandes y pequeños porque, ¿quién no ha necesitado alguna vez irse a África y tomar una taza de té?