El lobo desnudo

Thierry Robberecht (Autor), Loufane (Ilustradora). El lobo desnudo. Barcelona: Ediciones Urano, 2017, 28 pp.

Abrimos el libro, buscamos al lobo desde la ineludible posición que la edad nos otorga. La experiencia nos va alejando del mundo mágico, dificulta esa mirada novedosa de los niños. Como adultos, a menudo, leemos desde una perspectiva didáctica, pedagógica en pos de cierta aplicación o utilidad. A través de las lentes de la madurez el lobo, desnudo, nos habla de la identidad, del mundo exterior, del interior y de la relación entre ambos.

No solo hay que ser bueno sino parecerlo, expresa el dicho. Dicho que muestra la existencia de dos mundos: el del ser, íntimo e interior y el del parecer, público y exterior. Mientras ambos mundos proyectan una misma imagen todo parece perfecto; fuera un animal imponente, dentro uno fiero y feroz. Pero….

Un buen día, absorto nuestro lobo, persiguiendo una presa se le enganchó el pelaje en una rama. En una rama quedó su traje, y con él toda su seguridad y ferocidad. Ya no será más aquel animal temible. Abatido y burlado, corrió decidido hacia la casa de una costurera en busca de solución. La modista, artista de la aguja y el hilo, superando todos los temores y estereotipos que su traje le reportan, pues era una gallina, le confecciona una deslumbrante vestimenta. ¿El pago? ¡Amigo, eso tendrás que leerlo!

Así, cuando uno cree tener descifradas las claves del cuento lo lee ante la joven audiencia a la que está dirigido, y ¡oh, sorpresa! Las reacciones de los niños sitúan el clímax de la narración en una imagen desternillante, la de un lobo “color rosa bebé” que “parece un cerdito”. De este modo, los niños nos alumbran con su pequeña gran sabiduría y nos muestran que en el disfrute de la obra no solo se enfrentan los conceptos ser y parecer. También visión infantil frente a visión adulta; mirar novedoso y mágico frente a mirar analítico y causal; situaciones hilarantes y tronchantes frente a conceptos profundos y serios.

Si ya lo decía mi abuela: No solo hay que ser lobo feroz sino parecerlo.