La isla de las piedras

Marc Ferré (guion), Max y Pau (ilustraciones): La isla de las piedras. Madrid: Dibbuks, 2014, 72 pp.

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La isla de las piedras es un volumen que reúne dos cómics, publicados con anterioridad en mallorquín y por separado. La primera historia se titula “El bosque negro”. Una madre y su hijo se ofrecen voluntarios para adentrarse en el bosque negro en busca de una planta que podría ser el remedio para una extraña enfermedad que está matando a los animales del poblado. La travesía es peligrosa y no se pueden fiar de todos los que encuentran en su camino; deben internarse en cuevas con cadáveres, deben medir lo que dicen ante vecinos potencialmente hostiles, deben cuidarse mutuamente y aceptar la ayuda de quien sí quiere que haya paz entre sus pueblos. El argumento es lineal y tímido; claramente constituye la prueba piloto de un proyecto pedagógico que nos parece genuino y loable. Se trataba de usar el cómic como instrumento de divulgación de la arqueología entre estudiantes mallorquines. De hecho, cada centro escolar de la isla, según explica la directora del Museu Arqueològic de Son Fornés, recibió 30 ejemplares del cómic, junto con una guía didáctica. La intención era que la literatura ilustrada sirviera para introducir conceptos como los talayots, describir la vida cotidiana del poblado de Son Fornés, que en efecto existió, y ofrecer una recreación-modelo de las culturas que poblaron Mallorca hace casi tres mil años.

Animados por la primera experiencia, la segunda historia que se creó, titulada “La cueva del Mussol”, además de más larga, es también más compleja argumentalmente. Un hombre naufraga en la costa cercana al poblado. Se trata de un druida bastante excéntrico y apasionado (el mejor carácter que ha creado el guionista) que viene de Cornualles. Al acogerle, descubren que el extranjero también reconoce una figura de una cara como la efigie de un dios antiguo, Kernuk, y se disponen a buscar rastros de la creencia en ese dios en las islas. La protagonista de la historia anterior acompaña al druida viajero hasta la isla de Menorca, explorando cada cueva con ayuda de una curandera (que es también un personaje más cuidado). Durante el recorrido, aprovechan para contarse ritos, mitos y hábitos, pero sin abrumar al lector con la pretensión didáctica, sino resaltando curiosidades.

El trazo de los personajes es simpático: tenemos a Max con el storyboard, que no es poca cosa… Sus diálogos, en cambio, no llegan a ser del todo divertidos, pese a algún intento de humor por parte del guionista. También hay algunos detalles incongruentes en las historias, que a los niños les pueden no pasar desapercibidos: la barca de comercio regular con Menorca no lleva ninguna mercancía; la silueta de Menorca se ve desde la costa de Mallorca, pero no desde mitad de travesía en el mar; los personajes entienden el idioma de Mug el druida, pese a proceder de tierras tan lejanas…

No obstante, sus puntos a favor son muchos más. El cómic es ágil y el toque de misterio de los argumentos genera una intriga interesante que sirve de motor a la lectura. Nos han interesado mucho también la recreación sin tabúes de la vida en un poblado neolítico, la apuesta por la representación de la mujer, y el resalte del papel destacado de mujeres y niños en la sociedad tribal.

En definitiva, es un cómic interesante, ágil y con contenidos formativos, con un argumento al servicio de un proyecto didáctico que podría imitarse en otras áreas distintas de la arqueología, por quien quiera usar la potencia de la literatura como vehículo de contenidos.