El pingüino Marcelino

Stewart Mundini, Sara Cantos. El pingüino Marcelino. Algeciras: Emegé, 2016, 32 páginas.

 

 

Es una verdad universalmente aceptada que a todos los pingüinos les encanta el frío … ¿o tal vez no? El pingüino Marcelino es un tanto particular. Harto del frío y de tanta nieve, decide dejar su hogar y la seguridad del Polo para emprender un largo viaje hasta el Caribe, en busca de nuevas aventuras. Para ello, Marcelino deberá superar no solo sus propios miedos, sino también los de aquellos que le rodean y le animan a conformarse con lo establecido, renunciando a la búsqueda de su propio camino.

“El pingüino Marcelino” es una gran historia escondida en un libro muy pequeñito. Tan pequeñito, que ha sido autoeditado por sus propios autores, Stewart Mundini y Sara Cantos, y dentro de él sólo caben dos colores para pintar esta pequeña gran historia: la del pingüino Marcelino y su viaje de un hemisferio al otro, huyendo del frío para encontrar el calor. Un viaje que implica todo un desafío: atreverse a dejar atrás la seguridad que nos ofrecen los demás, para buscarla dentro de nosotros mismos.

Este álbum infantil es ante todo muy divertido, con una historia singular que consigue enganchar al lector desde las primeras páginas. Toda la obra está teñida de un sentido del humor inteligente, en ocasiones incluso irónico. Marcelino es un pingüino aventurero y decidido, que no duda en responder con perspicacia a todos aquellos que pretenden disuadirle de alcanzar sus metas. Sus respuestas son rápidas, astutas y espontáneas y, a través de ellas, el lector consigue percibir ese clima de confianza y seguridad en sí mismo que acompaña a Marcelino en cada uno de sus pasos.

Otro aspecto atractivo del libro es que la historia es rimada, y esta sonoridad la hace todavía más amena. Cuando los niños la conocen y la han leído varias veces, juegan a adivinar la palabra que viene siguiendo la rima, y esto convierte su lectura en un juego. Además el texto es sencillo y está escrito en mayúscula, lo que facilita la lectura autónoma por parte del niño, incluso en las primeras etapas de aprendizaje.

También merece la pena detenerse en la ilustración. La autora utiliza una paleta muy limitada para ilustrar esta obra. Dos únicos colores: azul y amarillo. Complementarios que evocan a la perfección el binomio frío-calor y que envuelven al lector con sensaciones casi palpables, resultando todo ello en unas imágenes que son muy potentes a nivel simbólico y, a la vez, muy tiernas y entrañables.

En definitiva, ” El pingüino Marcelino” es un libro precioso que nos invita a soñar, a viajar y a mirar más allá de nuestros muros. Un libro que divierte y hace reír. Que en algunas páginas da frío y en otras mucho calor. Un libro pequeño que nos invita a reflexionar sobre algo enorme: el coraje de atrevernos a ser nosotros mismos y seguir nuestro camino, afrontando con madurez y optimismo las consecuencias de nuestras decisiones. Porque precisamente esto es lo que hace Marcelino, ”el pingüino emperador que es dueño de su destino”.