peluquero invisible

El peluquero invisible

Eugenia Alcázar (texto e ilustraciones): El peluquero invisible. Sevilla: Babi Dibu, 2025, 40 páginas.

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El talento no siempre se revela de forma inmediata ni evidente. A menudo permanece oculto, incluso para quien lo posee, y descubrirlo exige tiempo, escucha y una cierta valentía para ignorar las expectativas ajenas. Encontrar aquello que se nos da bien —y, sobre todo, atrevernos a cultivarlo— es un proceso frágil, fácilmente condicionado por las miradas y los juicios de los demás. Por eso resulta tan importante proteger el talento incipiente, cuidarlo con paciencia y permitir que crezca más allá de los comentarios externos, que no siempre saben reconocer lo que aún está en proceso de ser.

Ese es el conflicto que atraviesa Viento, el protagonista del libro. Cuando se siente libre para crear y para jugar, sin más límites que su propia curiosidad, todo lo que produce se llena de sentido y su talento brilla con naturalidad. Sin embargo, cuando aparece el encierro de las normas rígidas o de las instrucciones impuestas desde fuera, ese talento se bloquea y deja de fluir. El talento de Viento no desaparece, pero queda atrapado, incapaz de desplegarse, porque necesita libertad, riesgo y confianza en uno mismo para brotar plenamente y encontrar su cauce.

El peluquero invisible, de Eugenia Alcázar, sitúa su historia en Nomepeino, un lugar indefinido y casi mítico —«entre montañas, ríos y bosques, más al norte que al sur y menos al oeste que al este»— donde todos lucen peinados nacidos del talento de Viento sin ser del todo conscientes de ello. Es la llegada de un forastero, atraído por ese don y decidido a explotarlo para enriquecerse, lo que pone en evidencia la existencia del peluquero invisible. Sin embargo, ese afán por domesticar el talento, someterlo a normas y convertirlo en mercancía provoca justo lo contrario: el talento de Viento se apaga, incapaz de manifestarse bajo la presión y las directrices ajenas. La historia se resuelve cuando el forastero, cansado de perder dinero ante la incapacidad de Viento para obedecer, rompe el contrato y lo “libera”, devolviendo al talento el espacio de confianza y libertad que necesita para volver a existir.

Eugenia Alcázar, autora e ilustradora de la obra, construye esta historia desde una relación íntima con la creación, entendida más como necesidad y juego que como resultado. Su forma de narrar es muy descriptiva, hasta el punto de dejar poco espacio a la imaginación del lector, marcando con claridad cada paso del relato. Las ilustraciones, ricas en detalles y visualmente sugerentes, aportan un universo propio que en ocasiones avanza en paralelo al texto más que en diálogo con él, como si ambas capas caminaran por carriles distintos. Aun así, El peluquero invisible es una historia bonita y honesta, que logra algo poco frecuente: ejemplificar de manera clara y accesible qué es el talento, cómo nace y qué sucede cuando se intenta domesticarlo, convirtiéndose en un relato especialmente valioso para reflexionar sobre la creatividad y la libertad.