El pequeño León

El pequeño León

Jaques Prévert (texto), Ylla (fotografías) y Tamara Andrés (traducción): El pequeño León. Colección Libros para soñar. Pontevedra: Kalandraka, 2025, 36 páginas

La historia editorial de El pequeño león es, en sí misma, una puerta de entrada significativa a la obra. La edición original de Le Petit Lion, publicada en 1947 y fruto de la colaboración entre el poeta Jacques Prévert y la fotógrafa Ylla, apareció con un texto mutilado. La editorial decidió suprimir amplios pasajes del manuscrito alegando motivos de espacio, pero el propio Prévert interpretó esos cortes como una intervención que alteraba el sentido profundo de su relato. La censura afectó especialmente a las partes más reflexivas y poéticas, allí donde el autor se permitía establecer paralelismos entre la vida del pequeño león y ciertos rasgos del comportamiento humano o demorarse en descripciones que se consideraron excesivas para un libro infantil. Prévert protestó formalmente contra esta decisión, defendiendo que los textos dirigidos a la infancia merecían el mismo respeto literario que cualquier otro. La edición de Kalandraka recupera ahora, por primera vez, ese texto íntegro y devuelve a la obra su ambición original.

El origen del libro también resulta revelador de su naturaleza híbrida. Las fotografías de Ylla existían antes que la historia: una serie de imágenes de un cachorro de león que la fotógrafa había tomado en su trabajo habitual con animales. Fue a partir de ese material visual cuando se invitó a Prévert a escribir el texto, no para ilustrar unas palabras previas, sino para construir un relato que naciera de las imágenes y dialogara con ellas. El proceso, por tanto, se invierte respecto a lo habitual: aquí no son las fotografías las que acompañan a una narración ya cerrada, sino que es la escritura la que se deja guiar por lo que las imágenes sugieren, completan o insinúan, convirtiendo el libro en un verdadero ejemplo temprano de narración fotográfica.

El texto de Prévert no se limita a contar las peripecias de un cachorro de león: propone una reflexión delicada y profunda sobre el crecimiento, la libertad y el lugar de cada cual en el mundo. A través de la vida del pequeño león, el autor habla del deseo de explorar, del impulso de alejarse del origen, pero también del vínculo con lo que nos constituye. Hay en el relato una mirada tierna y, al mismo tiempo, lúcida sobre el aprendizaje, sobre la necesidad de equivocarse, de probar, de descubrir quién se es fuera de la protección inicial. Sin moralinas ni lecciones explícitas, el texto confía en la inteligencia del lector y en su capacidad para reconocer en el animal una metáfora de la experiencia humana.

El pequeño león es, así, mucho más que una curiosidad editorial recuperada. Es una obra que muestra hasta qué punto la literatura infantil puede ser un territorio de auténtica creación artística, donde imagen y palabra se necesitan y se enriquecen mutuamente. La recuperación del texto íntegro no solo hace justicia a Prévert y a Ylla, sino que devuelve a la infancia un libro que la trata con respeto, como un espacio capaz de acoger complejidad, poesía y pensamiento. En un panorama dominado a menudo por lo inmediato y lo simplificado, este libro recuerda que la cultura de la infancia también puede —y debe— aspirar a la densidad, a la belleza y a la permanencia.