Dramas y likes en el instituto. Secretos

Dramas y likes en el instituto. Secretos

Gemma Pasqual i Escrivá: Dramas y likes en el instituto. Secretos. Alzira (Valencia): Algar Editorial, 2025, 224 páginas

En el instituto de Amaranta, los móviles están prohibidos, pero los chicos tiran de ingenio para poder comprobar las notificaciones sin que los profesores se enteren, especialmente cuando se trata de una actualización de la cuenta @rostrosocultos, una cuenta anónima de Instagram que cuelga fotos comprometidas de los alumnos del instituto. Nadie quiere ser el hazmerreír protagonizando la publicación del día, pero tampoco pueden dejar de mirar las imágenes o vídeos que publica. Es una atracción morbosa: no es agradable de observar, pero aun así no se puede evitar.

Amaranta y su mejor amigo Juan normalmente pasan desapercibidos y eso es lo que les gusta, pero entonces aparece un alumno nuevo, Pablo, que se uno al grupo y, sin saber muy bien por qué, comienzan a ser el objetivo de las publicaciones de @rostrosocultos. Lo que en un principio parece una simple publicación de esas de las que todo el mundo se acaba olvidando cuando una nueva la reemplaza, acaba siendo toda una persecución. El grupo que, hasta ese momento era invisible, se da cuenta de que los están espiando hasta el punto de conocer sus conversaciones telefónicas.

Entonces deciden ponerse a investigar y averiguar quién está detrás de todo esto y descubrir por qué de repente se han convertido en el foco de atención. Sin embargo, no será nada fácil puesto que el responsable de la cuenta anónima sabe cubrir muy bien sus pasos, ser más invisible incluso que ellos mismos.

Gemma Pasqual i Escrivá nos introduce en el patio de este instituto que es como una sociedad en sí misma donde conviven grupos sociales bien diferenciados que tienen su propio territorio conquistado dentro del espacio compartido y que rara vez se relacionan entre ellos (y mucho menos en persona): están los populares, los deportistas, los invisibles… Pero hay algo que todos estos grupos tan distintos entre sí y tan aparentemente independientes unos de otros tienen en común: la adicción a las redes sociales. Su mundo gira en torno al móvil y se pasean con él pegado a la mano como si se tratara de una extensión de su propio cuerpo. Todo lo que acontece en el mundo que los rodea no ocurre realmente hasta que no se cuenta a través de las redes, que son más que su medio de comunicación, son su forma de interrelacionarse con el mundo, incluso cuando estas interacciones sean falsas, ofensivas e hirientes, lo que nos lleva a preguntarnos ¿dónde están los límites?