La panadería
Lucía Belarte (texto) y David Lorenzo (ilustraciones): La Panadería. Colección Libros para soñar. Pontevedra: Kalandraka, 2025, 40 páginas.

En esta obra quiero comenzar destacando un doble valor que la atraviesa desde la portada. Por un lado, el mérito del autor–o del ilustrador–al atreverse a construir un cuento íntegramente en escala de grises, una elección poco habitual que exige una mirada artística muy consciente. Por otro, el propio poder expresivo de esa escala: cómo resalta volúmenes, cómo invita a fijarse en los matices, cómo cada sombra y cada luz revelan detalles que quizá pasarían desapercibidos en una paleta más colorida. Gracias a esta decisión estética, el lector no solo sigue la historia, sino que la contempla con una atención más aguda, apreciando texturas, gestos y atmósferas con una intensidad que sorprende y cautiva.
La historia, contada en primera persona por el pequeño lobo de la familia, nos introduce en la vida de unos panaderos que intentan abrirse camino en la ciudad sin demasiado éxito. Buscando un futuro más prometedor, se mudan a un pueblo donde instalan su obrador en la planta baja de su casa, situada en lo alto de la zona. Cada noche, el padre amasa y hornea el pan mientras la madre prepara los dulces, pero, aun con todo su esfuerzo, los animales del lugar siguen sin acercarse: en las ilustraciones se perciben claramente tanto la indiferencia como el rechazo. Intentan vender en la plaza, pero nadie compra. Cuando un temporal provoca una riada que arrasa el pueblo —salvo su casa—, los lobos participan en las tareas de limpieza junto a los demás vecinos; sin embargo, ni siquiera en esa situación alguien se decide a cruzar la puerta de su panadería. Con los víveres escaseando y la esperanza agotándose, la familia prepara otra mudanza. Es entonces, justo cuando cargan las cajas en el coche, cuando ocurre lo inesperado: un vecino aparece a comprar pan, y tras él otro, y luego otro, hasta que la tienda se llena por primera vez. Un año después, siguen allí, integrados al fin en el pueblo.

Al leer esta obra es imposible no pensar en desastres recientes, como la DANA que afectó a Valencia en 2024, aunque La panadería fue concebida mucho antes —se presentó al XVII Premio Internacional Compostela de Álbum Ilustrado— y no guarda relación directa con aquel episodio. Aun así, la historia resuena con fuerza porque habla de algo profundamente humano: el compromiso con un oficio, la perseverancia frente a la adversidad y la solidez de los vínculos familiares. Pero también invita a mirar hacia nuestras propias comunidades, cuestionando la frialdad con la que a veces convivimos en las ciudades, más pendientes de lo propio que de tejer lazos reales. La obra nos recuerda que la indiferencia tiene consecuencias, y que solo cuando la necesidad nos obliga a mirarnos unos a otros reconocemos el valor de quienes siempre estuvieron ahí, silenciosos pero constantes.

La responsable de esta historia es Lucía Belarte, autora y dibujante nacida en Ourense, formada en Bellas Artes e Ilustración y profundamente vinculada al arte desde muy joven. Su sensibilidad visual y literaria la ha llevado a especializarse en literatura infantil y en el álbum ilustrado, donde despliega una mirada que combina ternura, crítica social y un gran respeto por los oficios artesanos. Con La panadería demuestra su interés por temas como la integración, la solidaridad y la vida en comunidad. Además, compagina su labor creativa con la enseñanza artística en la escuela que fundó, El Atelier.

A su lado, David Lorenzo (Ourense), reconocido por su dominio del lápiz de grafito, una herramienta que usa para crear atmósferas profundas y personajes llenos de vida. Su pasión por el dibujo comenzó en la niñez, llevándolo a estudiar Bellas Artes e Ilustración. Esta formación consolidó su habilidad para narrar visualmente. Con un estilo minucioso y expresivo, el manejo de luces y sombras es determinante en su obra. Actualmente, compagina su labor creativa con la enseñanza en El Atelier, la escuela de arte que cofundó, manteniendo viva su conexión con el dibujo intuitivo. En su proyecto «La panadería», Lorenzo se reta a ilustrar todo el álbum únicamente en escala de grises. Sus imágenes, ricas en matices y volúmenes, no solo acompañan, sino que amplifican la historia, creando un universo visual evocador y coherente.
























