Grande y pequeña

Grande y pequeña

Arianna Squilloni (texto) y Raquel Catalina (ilustraciones): Grande y pequeña. Premio Compostela 2025. Pontevedra: Kalandraka, 2025, 42 páginas.

En el primer tramo de la vida —o en ciertos momentos de ella— las personas pueden sentirse vistas, escuchadas, casi imprescindibles; su voz pesa, su presencia ocupa un lugar claro. Sin embargo, ese estado puede invertirse con el tiempo y dar paso a una sensación de empequeñecimiento, como si la memoria ajena las hubiese borrado poco a poco. El contraste es duro: de sentirse útiles y necesarias pasan a habitar un silencio en el que nadie llama ni pregunta. El tiempo, antes escaso, se vuelve entonces un espacio inmenso que abruma; las horas se dilatan y la utilidad ya no es evidente. No es solo la soledad lo que pesa, sino la incertidumbre de no saber qué hacer con tanto tiempo cuando ya no hay un rol que lo ordene ni una mirada externa que confirme que todavía se es alguien para los demás.

No es, en realidad, una cuestión de tamaño. La importancia no siempre depende de cuánto nos miren los demás, sino de la capacidad de dar sentido a la propia vida, incluso cuando esa vida transcurre al margen de las miradas ajenas. Podemos sentirnos grandes en lo íntimo, aun cuando nadie nos nombre, aun cuando desaparecemos del campo visual de los otros. En Grande y pequeña, de Kalandraka, se nos presenta a una mujer que atraviesa distintas etapas vitales marcadas por ese vaivén entre presencia y ausencia, reconocimiento y olvido, hasta llegar a un momento en que pasa completamente desapercibida para todo el pueblo. Su historia pone en evidencia que la invisibilidad social no anula necesariamente el valor de la existencia, pero sí cuestiona de forma profunda cómo construimos la idea de ser alguien en el mundo.

Por eso resulta fundamental que el Premio Internacional Compostela se mantenga vivo y con el prestigio que ha sabido construir. No solo porque reconoce la calidad literaria y artística, sino porque permite que álbumes como Grande y pequeña lleguen a publicarse y encuentren lectores. Este tipo de obras no buscan respuestas fáciles ni lecturas rápidas; proponen preguntas hondas sobre la vida, el tiempo y el lugar que ocupamos en el mundo. Sin un premio que apueste por ellas, muchas quedarían fuera de los circuitos editoriales más visibles. Sostener el Compostela es, en el fondo, sostener un espacio para libros que confían en la inteligencia emocional del lector y que amplían el horizonte de lo que la literatura infantil y juvenil —y también la adulta— puede y debe contar.

Arianna Squilloni no es solo la autora de Grande y pequeña, sino también una figura comprometida con un tipo de literatura que piensa y siente con igual rigor. Afincada en Barcelona, con una formación que abarca desde la filología clásica hasta la comunicación, Squilloni lleva más de veinte años dedicada a la edición y a la creación de textos que no se conforman con entretener sino que invitan a la reflexión. Dirige el sello A Buen Paso, colabora con revistas especializadas, imparte talleres y cursos, y ha trabajado en diferentes ámbitos de la cultura literaria. Aunque aún no hay muchas entrevistas en las que hable específicamente de Grande y pequeña, su trayectoria y sus reflexiones sobre la importancia de una literatura que cuestione, conmueva y dé sentido ayudan a entender por qué obras como esta merecen ser reconocidas y difundidas.

Las ilustraciones de Raquel Catalina Ledesma aportan al relato un calor y una densidad narrativa que resultan esenciales para comprender la historia en toda su profundidad. A página completa, sus imágenes no se limitan a acompañar el texto, sino que construyen el contexto emocional y vital de la protagonista: los espacios, los silencios, la relación con el entorno y el paso del tiempo se dicen tanto —o más— desde lo visual que desde la palabra. Formada en Bellas Artes y con una trayectoria ligada a la ilustración editorial, Catalina Ledesma demuestra aquí una gran capacidad para narrar sin subrayar, ofreciendo capas de información que el texto sugiere pero no explicita. Este binomio entre texto e imagen es tan sólido que resulta difícil imaginar Grande y pequeña como una novela sin ilustraciones: muchos matices, ritmos y detalles quedarían fuera de campo. Es precisamente esa alianza la que convierte el álbum en una experiencia completa, donde la imagen no decora, sino que piensa y siente junto al texto.