El pez Nicolás
Caterina Valriu (texto), Petra Pericàs (ilustraciones) y Blanca Roig Rechou (traducción): El pez Nicolás. A Coruña: Hércules de Ediciones, 2025, 40 páginas.

La historia parte de un problema veraniego tan cotidiano como universal: Arnau aún no sabe nadar, y por más que lo intenta, no aprende; por más que sus amigos le animan, no aprende; y por muchos artilugios que prueba, sigue sin dominar el agua. Justo cuando parece que no hay solución, surge Nicolás, un niño con cola de pez, y con la ayuda de la fauna marina consigue que Arnau aprenda a nadar. En el corazón de este cuento late algo más que técnica: la amistad. Nicolás ha encontrado un amigo, y Arnau ha encontrado un amigo, y eso transforma sus mundos con la misma naturalidad con la que se deslizan las olas.

La autora, Caterina Valriu, construye esta historia desde un estilo reconocible: una escritura clara, directa, sin artificios, que confÃa en la fuerza de lo que ocurre y en lo que sienten los personajes. Su vÃnculo con la literatura infantil y con la tradición oral mediterránea se percibe en la naturalidad con la que conviven lo cotidiano y lo fantástico, sin necesidad de explicaciones excesivas. El niño que no sabe nadar y el niño con cola de pez comparten espacio con total verosimilitud, como sucede en los cuentos bien contados. Los diálogos son precisos y contenidos; no se recrean en florituras, pero dicen mucho. A través de ellos se transmiten la frustración inicial, el ánimo de los amigos y la complicidad que va naciendo entre Arnau y Nicolás. Aunque no consta una entrevista concreta en la que Valriu explique el origen de esta obra, su trayectoria muestra un interés constante por relatos donde la emoción, el aprendizaje y el vÃnculo con la naturaleza se entrelazan, y El pez Nicolás es un claro ejemplo de ello.


Las ilustraciones de Petra Pericà s complementan el texto con una sensibilidad visual que capta perfectamente el sentir de cada escena. Sus dibujos son realistas y expresivos: el desánimo de Arnau en las primeras páginas contrasta con la alegrÃa del final, y esa evolución emocional se percibe en los gestos, los colores y la composición espacial. Los detalles están muy cuidados, y la manera en que combina escenas de la superficie del mar con lo que ocurre bajo el agua aporta una naturalidad visual que hace que nada choque ni distraiga al lector. Las ilustraciones no solo acompañan, sino que amplifican la narrativa, sumergiendo al lector tanto en las olas como en el corazón del cuento.
Otro de los aciertos de esta obra se encuentra en sus últimas páginas. Cuando la historia parece haber concluido, el libro lanza una pregunta directa al lector: «El mar está lleno de vida. ¿Sabes encontrar estos animales en las páginas del libro?». A partir de ahÃ, se muestran —con la misma técnica realista que atraviesa toda la obra— peces, aves, tortugas, focas, algas, moluscos y medusas. Esta invitación convierte la lectura en una segunda experiencia: volver atrás, recorrer de nuevo la historia de Arnau y Nicolás y buscar, ahora con otros ojos, la vida que habita cada escena.
El cuento se prolonga asà en el tiempo, fomentando una lectura activa, atenta y curiosa, donde observar y descubrir forman parte del placer de leer.
























