Álex tiene vergüenza

Álex tiene vergüenza

Natalia Shaloshvili (texto e ilustraciones) y Iago Nicolás (traducción): Álex tiene vergüenza. Colección Libros para soñar. Pontevedra: Kalandraka, 2026, 32 páginas

“Hoy Álex va con su madre a jugar a casa de un amigo…”

Así comienza esta historia en la que, a través del juego, un ratón enseña a una gata a estar a gusto consigo misma, sin necesidad de impresionar a los demás. Cuando Álex juega con Leo a ser otro —cocinero, estrella de rock o astronauta— se permite simplemente ser y disfrutar. Sin embargo, en un momento dado, se detiene: la vergüenza aparece y le hace tomar tierra. Será en la despedida cuando Leo le ayude a comprender algo importante: sentir vergüenza no es malo. Es solo sentir… y sentir, siempre, es saludable.

Dejarse sentir es una de las bases más importantes del desarrollo emocional en la infancia. Cada niño y cada niña necesita crecer con la seguridad de que lo que siente es válido, de que sentir —sea alegría, tristeza o incluso vergüenza— es algo sano y necesario. Sentimos porque estamos vivos: a veces reímos, otras lloramos, y en ambas cosas hay aprendizaje y verdad. Y es, muchas veces, en la sencillez del juego donde la infancia se permite sentir con mayor libertad, sin filtros, sin juicios, siendo auténticamente lo que es.

Una de las características que más me gustan de Natalia Shaloshvili es la sencillez con la que transmite y conecta con el lector. En este título, tanto a través del texto como de las ilustraciones, logra tender un puente entre adultos y niños, haciendo llegar en cada página —en cada palabra, en cada trazo— la importancia de expresarse: a veces con palabras y, muchas otras, con gestos.

Además, ese “jugar a ser”, esa explosión imaginativa propia de la infancia, queda claramente diferenciada del presente gracias a la viveza de las ilustraciones, que subrayan y acompañan ese tránsito entre lo que se imagina y lo que se siente.