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La noria del mal

Kritsina Ohlsson (texto), Elda García-Posada (traducción): La norial del mal. Barcelona: Duomo Ediciones, 2026, 239 páginas.

 

Aun recuerdo con escalofríos una pequeña escultura que había en el pasillo de mi casa. Por la noche, cuando cruzaba el pasillo a oscuras, parecía que sus brillantes ojos me miraban y perseguían. Yo intentaba pasar corriendo sin mirarle a los ojos pero el propio miedo me llevaba a buscarlos. Aun siento escalofríos al recordarlo. Y es que a veces el terror se esconde en los lugares más insospechados. En esta reseña te acerco a uno de esos lugares. Un lugar donde la diversión puede convertirse en terror. Así es como Kristina Ohlsson nos adentra en La noria del mal, una misteriosa historia de terror juvenil editada por Duomo Ediciones.

Kristina Ohlsson está considerada la maestra sueca del suspense y una de las referentes actuales en materia de literatura infantil. En esta obra, nos situamos en Hovenäset, un pequeño pueblo costero de Suecia que ve como la calma se diluye ante la llegada de una colosal noria. Desde ese instante, Heidi, una niña que vive con su padre y la pareja de éste, comienza a experimentar una serie de sucesos extraños en su casa. Zapatos que se mueven solos, ruidos que la desvelan por la noche… Y en medio de este misterio, la figura de Bill, dueño de la noria aparece para alimentar los trágicos y misteriosos secretos que esconde la atracción. Es el momento de acompañar a Heidi y sus amigos en la búsqueda de la verdad.

Ohlsson escribe una historia con una ambientación absolutamente inquietante y aterradora. Los hechos transcurren en plena oleada de tormentas, siendo un envoltorio perfecto para las novelas de suspense y terror. Así mismo, la manera de narrar los extraños sucesos en la casa de Heidi funcionan perfectamente para mantener esa tensión. También los capítulos cortos y los numerosos cliffhangers al final de los mismos funcionan bien. Pero ojo, es una historia muy oscura y con ciertos momentos que realmente te ponen la piel de gallina. Quizá por ello sea un libro que, aunque orientado a un público juvenil, no es apto para los lectores más sensibles en este aspecto.

Otro punto que cabe resaltar es el contexto familiar en el que está situada la historia. Heidi vive en una familia de padres separados, con una madre relativamente ausente y con un padre que está esperando un nuevo bebé de su pareja. Nuestra protagonista, que por momentos se revela ante estas circunstancias, conecta de esa forma con ese público adolescente que, en muchas ocasiones, lidia con situaciones que resultan incomprensible para él. Generar esa empatía emocional es, en este sentido, un punto de atracción necesario.

Atendiento a la construcción de personajes, este es un punto en el que he observado alguna carencia, sobre todo en referencia a los personajes infantiles. Son, por lo general, personajes algo planos que no han terminado de conmoverme. En la otra parte de la balanza, tenemos unos personajes secundarios que espolean de manera positiva la historia para mantenerla viva y atractiva. Es el caso de la abuela de Heidi y del señor Bill que, en mi opinión, son el gran acierto de la novela junto a esa ambientación oscura.

Adentrándonos en la estructura del libro, se constata la maestría de la autora en el género y, si bien es verdad que en el último cuarto la historia pierde algo de fuerza, es un libro que tiene un ritmo muy ágil desde el inicio. A pesar de seguir los pasos de la investigación en un orden temporal claro, los flashbacks o recuerdos cobran especial importancia para ir reconstruyendo ese puzzle inicial.

Por último, la narración en primera persona desde la perspectiva de Heidi, nos sitúa de lleno en pleno corazón de la investigación, lo que consigue crear un espacio muy disfrutable para que el lector genere sus propias hipótesis y se vincule de lleno en la historia. Cuando hablamos de literatura juvenil, esa conexión es de vital importancia.

Kristina Ohlsson desembarca con La noria del mal gracias a Duomo Ediciones, construyendo una buena puerta de entrada a este subgénero fantástico que tantos buenos ratos nos da. Y es que el terror es algo muy humano que a veces se esconde en los lugares más insospechados. Lo aprendí de niño mirando aquellos ojos en el oscuro pasillo de mi casa. Y ahora, después de leer a Kristina Ohlsson, vuelvo a entender por qué. Esta novela demuestra que no necesitamos grandes monstruos para sentir miedo. Basta una casa, una noria, unos ruidos en mitad de la noche y la sensación de que aquello que conocíamos parece haber cambiado. Quizá por eso sigo sintiendo escalofríos al recordar aquellos ojos. Porque el verdadero poder del terror no está solo en generarnos temor, sino en conseguir que aquello que ayer era cotidiano ya nunca vuelva a parecernos igual.