Un rey de quién sabe dónde

Un rey de quién sabe dónde

Ariel Abadi (autor e ilustrador). Un rey de quién sabe dónde. Bilbao: A Fin de Cuentos, 2017, 40 pp.

Un rey de quién sabe dónde es el segundo título publicado por A Fin de Cuentos. Se trata de una editorial muy joven que comenzó su andadura con Aventuras y desventuras de los alimentos que cambiaron el mundo, una obra que logró el I Premio Iberoamericano al Mejor Libro Informativo para Niños.

Esta vez nos sorprenden con un título de carácter literario pero que bien podría ser considerado informativo sobre guerras, conflictos y demás luchas de poder.  Con un texto breve y directo nos va presentando a los personajes de la historia: el señor rey, el rey de otro reino, el rey  de otro otro reino… Nos presentan incluso a un “memueroporserrey” (cuántos de estos nos cruzamos a diario, ¿verdad?) cuya representación en pijama, en la cima de una colina y blandiendo una espada en mitad de la noche, sin duda le arranca una sonrisa al lector.

Con tanto rey en tan pocas páginas, la escalada de tensión era inevitable y el autor la resuelve con mucho acierto en una delirante ilustración central a doble página. Las imágenes tienen un tono cómico y caricaturesco que transmiten con mucha gracia el humor de la historia y logran que el brevísimo texto sea más que suficiente para que el lector capte el mensaje. Y es que en este libro, por suerte, no hay palabras de más: un mal común que afecta a demasiadas obras infantiles donde pensamos que hay que explicar hasta el más mínimo detalle. Un rey de quién sabe dónde deja que sea el lector quien rellene los huecos, quien recree la historia que flota entre las páginas.

Además, no contentos con dejar vía libre a que el lector construya sus significados, nos proponen un reto más en la última página. Una puerta abierta a futuros relatos, del propio Ariel Abadi o de cualquier lector con alma de escritor: un rey destronado, despojado hasta de sus ropajes, remando hacia el atardecer en una pequeña barca cual náufrago a la deriva. Podría ser una imagen triste, incluso descorazonadora, pero hoy tenemos el espíritu positivo y pensamos que para poder levantarse, a veces hay que caerse antes, ¿no?

Pequeño aplauso también para la edición que ha cuidado incluso las guardas, un elemento que va ganando peso narrativo y que cada vez se tiene más en cuenta. En este caso, muy interesante el diálogo que se genera entre las guardas iniciales, con un tablero de coronas perfectamente colocadas, y las finales, con un amasijo de coronas caídas y revueltas, sin orden ni concierto alguno.

En definitiva, Un rey de quién sabe dónde es una obra recomendable, tanto para pequeños como para grandes (como los buenos álbumes ilustrados). Los conflictos entre poderosos por ver quién tiene más coronas llevan de actualidad desde hace milenios; por ello, literatura que nos haga reflexionar con humor sobre lo absurdo de algunas situaciones, es siempre muy estimable.