A mi altura
LucÃa Sanz MartÃnez (texto e ilustraciones): A mi altura. Chukabooks, 2022, 40 páginas.

Existe una diferencia abismal entre lo que la pedagogÃa nos dicta y lo que la sociedad nos impone. Mientras expertos como Ares González (en la revista Aula Ide nfantil) subrayan la necesidad vital de que seamos los adultos quienes bajemos a la altura de los ojos de los niños para entender sus ritmos e intereses, nuestra estructura social parece empeñada en lo contrario: en verticalizar la infancia. Desde tronas a carritos, nos esforzamos por levantar a los niños hasta nuestro nivel visual, forzándolos a habitar una altura que no les pertenece y a seguir un compás que les es ajeno.

En este escenario de desajustes se mueve la protagonista de LucÃa Sanz MartÃnez. LÃtera camina por la ciudad con la capacidad de asombro blindada, recolectando en su mochila no objetos, sino instantes intensificados por la lupa de su mirada. Para ella, lo cotidiano es inmenso; para sus padres, absorbidos por el «virus del adulto» (pantallas, periódicos y la urgencia de lo invisible), LÃtera es un ruido de fondo que no logran descodificar.
Hay una imagen poderosa en el libro que resume esta obsesión por la altura adulta: LÃtera necesita coger una escalera para ser escuchada. Es la metáfora perfecta de lo que comentaba: ante la incapacidad del adulto de agacharse, obligamos a la niña a realizar el esfuerzo fÃsico de subir. Hemos invertido los términos de la crianza, convirtiendo el encuentro en un ejercicio de escalada para el niño en lugar de un ejercicio de humildad para nosotros.
Fiel al espÃritu de su editorial (Chukabooks), la autora construye una obra que respira honestidad material y narrativa. LucÃa entiende que para contar una historia sobre la mirada, la forma debe acompañar al fondo. El libro funciona como un espejo donde el adulto se siente, inevitablemente, interpelado. No es solo un cuento para niños; es un manual de reingreso al mundo de la infancia.

Más allá de su carga simbólica, el libro está concebido como un artefacto de alta eficacia para los primeros lectores. La elección de una tipografÃa en mayúsculas y el uso de oraciones sencillas y directas actúan como un facilitador necesario: eliminan las barreras técnicas para que el niño pueda centrarse en el mensaje. Además, la presencia constante de la protagonista en cada página ofrece un ancla visual que dota de ritmo y seguridad a la lectura. Todo en la edición de Chukabooks parece diseñado para que la obra hable el mismo idioma que sus lectores: uno sencillo, claro y profundamente honesto sobre su propia mirada.
El desenlace nos regala una solución tan sencilla como revolucionaria: para recuperar los poderes perdidos, solo hay que volver a ser pequeños. No se trata de un retroceso, sino de una liberación.
Al final, el libro nos invita a soltar la escalera, apagar la pantalla y reencontrarnos en la alfombra. Porque, como bien nos recuerda esta historia,
solo cuando dejamos de intentar que ellos suban a nuestro mundo, somos capaces de descubrir el infinito que hay bajo nuestros pies.
























