bichos superraros y asquerosos para futuros cientificos

Bichos superraros y asquerosos para futuros científicos

Ricardo Moure (texto) y Marta Piedra (ilustraciones): Bichos superraros y asquerosos para futuros científicos. Madrid: Beascoa (Penguin Random House), 2026, 36 páginas

Existe una jerarquía invisible en el ejercicio de vivir: tras el necesario refugio en el cuidado de uno mismo, la prioridad debería desplazarse hacia el entorno. Sin embargo, ese afuera no es un escenario estático, sino un tejido vibrante habitado por lo que, a falta de una palabra más noble, llamamos «bichos». Solo cuando afinamos la mirada, cuando decidimos despojarnos del tamaño, empezamos a descubrir una riqueza que solo se entrega a quien se concentra. Es una belleza mínima que nos exige un esfuerzo de atención y una delicadeza extrema en el trato; una forma de cuidado que empieza, inevitablemente, por aprender a mirar lo que suele pasar desapercibido.

Ricardo Moure es el biólogo encargado de acercar esta riqueza a los más pequeños. Lo hace a través de una colección de «bichos raros» que desafían nuestra idea de lo normal. El recorrido empieza por los ácaros que viven en nuestra cara y sigue con ejemplos asombrosos: peces que se comunican mediante gases, lagartos que disparan sangre por los ojos o el extraño reino de la rata calva y sus superpoderes. En esta lista caben también peces de cabeza transparente, tortugas que respiran por el ano, ranas que vomitan a sus crías y escarabajos con traseros explosivos. Un catálogo de rarezas, desde nidos hechos de saliva hasta cucarachas, que demuestra que la naturaleza no entiende de modales, sino de supervivencia.

La estructura del libro es ágil y clara. Cada animal ocupa una doble página bajo un título sugerente que acompaña a su nombre común y científico. La información se organiza de forma visual: una ilustración algo caricaturizada del bicho protagoniza el espacio, seguida de los rasgos que explican su rareza. Los textos son sencillos, apoyados por frases gancho en mayúsculas que facilitan la lectura y resaltan lo más llamativo de cada especie.

El trabajo de Marta Piedra es el complemento perfecto para el tono del libro. Sus ilustraciones huyen del realismo rígido para abrazar una estética de caricatura, llena de color y expresividad. Logra que seres que a priori podrían resultar desagradables —como las cucarachas o el pez con dientes de humano— despierten curiosidad y simpatía. Su trazo desenfadado no solo acompaña al texto, sino que refuerza ese mensaje de que

la naturaleza, además de asombrosa, puede ser muy divertida.