El fantasma que querÃa existir
François Blais (texto), Iris Boudrau (ilustraciones) y Laura Vaqué (traducción): El fantasma que querÃa existir. Barcelona: CocoBooks, 2025, 48 páginas

Existe un lugar, el Gran Éter, que actúa como el inmenso archivo de todo lo «chulo» que aún no existe en nuestro mundo. Es un limbo vibrante de ideas libres de la tiranÃa del uso, donde habitan criaturas y objetos que tienen derecho a ser simplemente porque son asombrosos. Sin embargo, este refugio de lo imposible esconde una ley tan productiva como melancólica: cada vez que el ingenio de ese mundo inventa algo útil, la idea se materializa en nuestra realidad y desaparece del Éter para siempre. Es la tiranÃa de la practicidad.

Cansado de esta fugacidad, nuestro protagonista, un pequeño y sencillo fantasma, decide emprender el camino inverso. Quiere abandonar la seguridad de lo invisible y echar raÃces en el Mundo Real. Tras una audiencia con la soberana, la Reina Mónica XVI, esta le impone tres pruebas que actúan como un peaje existencial. Con la ironÃa que recorre el texto de François Blais, se le recuerda una verdad incómoda: pertenecer a la realidad es un privilegio y no un derecho, un destino que se conquista.
La verdadera magia de la obra reside en el contraste visual que nos propone Iris Boudreau. Al ver a Mauro el centauro —con sus zapatillas deportivas y su mirada de sospecha— o a Elena la sirena —luchando cómicamente bajo el agua—, nos damos cuenta de que el fantasma no vence por fuerza, sino por pura lógica espectral.
Mientras los seres mitológicos están encadenados a sus propios clichés gráficos, el fantasma usa su «no-existencia» como la llave maestra. Mauro es veloz, pero el fantasma corta camino en lÃnea recta. Elena es acuática, pero el fantasma no necesita aire. Y el cÃclope, a pesar de su tamaño, cae fulminado ante el miedo a lo invisible. No es una batalla épica; es una deliciosa sátira pop donde la sencillez de un espectro despojado de adornos es capaz de vencer a tres colosos del folclore simplemente aprovechando sus propios talentos.
A pesar de que la ficha editorial lo recomienda desde los 5 años, considero que su complejidad temática lo hace ideal para lectores de 9 o 10 años. La lectura compartida con un adulto permitirá explorar los matices filosóficos del Gran Éter y esa ‘tiranÃa de la practicidad’ que requiere de una madurez que trasciende la simple narrativa infantil.

Este libro es, en realidad, un canto a la experiencia vital. Nos recuerda que la realidad no es algo que se nos deba por contrato, sino un espacio que se habita con esfuerzo y conciencia. El viaje del fantasma, desde la abstracción del Gran Éter hasta el manillar de una bicicleta en el Mundo Real, es una invitación a valorar lo cotidiano: ese estado donde las cosas, más allá de ser «chulas» o imaginarias, cobran sentido cuando empezamos a usarlas para descubrir quiénes somos. Una fábula inteligente y cargada de humor que nos devuelve las ganas de pedalear por nuestra propia realidad.
























