Sube, sube y sube
Émile Jadoul (texto e ilustraciones) y Xosé Ballesteros (traducción): Sube, sube y sube. Colección libros para soñar. Pontevedra: Kalandraka, 2026, 32 pà ginas.

En este álbum ilustrado, Émile Jadoul convierte la rutina de irse a dormir en un espacio de encuentro, ternura y calma. Con un texto breve, repetitivo y perfectamente adaptado a los primeros lectores, construye una historia que pone en valor la importancia de los pequeños rituales cotidianos, aquellos que ayudan a la infancia a sentirse segura, acompañada y preparada para dejarse llevar por el sueño.
El protagonista ya está preparado para dormir. Está arropado, cómodo y dispuesto a cerrar los ojos, aunque antes quiere asegurarse de que nadie importante se queda fuera. Uno a uno, va invitando a subir a la cama a sus compañeros inseparables: sus peluches y animalitos favoritos.
Cada nuevo invitado hace la cama un poco más acogedora y el corazón del pequeño un poco más tranquilo. El momento culminante llega cuando aparece papá para completar el ritual con el beso de buenas noches. Entonces, rodeado de todos sus «pequeñines», el protagonista se siente seguro y puede abandonarse al sueño.
Émile Jadoul vuelve a demostrar que no hacen falta grandes artificios para construir una historia significativa. Con un texto de apenas una docena de palabras por página, encuentra un equilibrio perfecto entre ritmo, repetición y musicalidad, tres elementos esenciales para captar la atención de los más pequeños.
Las onomatopeyas —«Tap, tap, tap», «Pom, pom, pom»— no son un simple recurso sonoro. Invitan a acompañar la lectura con la voz, los gestos e incluso el movimiento, haciendo que cada uno de los peluches cobre vida mientras asciende hasta la cama. Esa estructura repetitiva convierte la narración en un juego predecible, favoreciendo que el niño anticipe lo que sucederá y participe activamente en la historia.
La edición también está especialmente cuidada para quienes comienzan a leer de manera autónoma. La tipografÃa, limpia, espaciada y muy legible, junto a unas frases breves y directas, acompaña con naturalidad a los lectores que están dando el paso de la letra mayúscula a la minúscula, respetando su ritmo y reforzando su confianza.
Pero si el texto destaca por su sencillez, las ilustraciones esconden uno de los grandes aciertos del álbum. Durante buena parte del relato, una enorme superficie amarilla ocupa más de media página. Los pequeños animales parecen escalar esa montaña con decisión, aunque el lector desconoce qué representa realmente. Solo en las últimas páginas, cuando la perspectiva se amplÃa, descubrimos que aquella montaña era, en realidad, la manta que arropa al protagonista.

La revelación funciona como un brillante ejercicio de narrativa visual. La cama deja de ser un simple mueble para convertirse en un paisaje de refugio, un lugar seguro hacia el que los pequeños animales han ido ascendiendo página tras página. Solo entonces comprendemos que aquella montaña amarilla siempre fue el cobijo del protagonista. El desenlace, con la llegada de papá para dar el beso de buenas noches, culmina ese sentimiento de protección. Rodeado de sus peluches y del cariño de quien le acompaña, el protagonista encuentra por fin la calma necesaria para entregarse al sueño.

Más que un cuento para antes de dormir, Sube, sube y sube es una celebración del apego, de las rutinas familiares y de la importancia de sentirse protegido antes de cerrar los ojos. Con muy pocos elementos, Jadoul consigue transmitir una enorme sensación de calma y ternura, al tiempo que acompaña con enorme sensibilidad el desarrollo de la lectura en los más pequeños. Un álbum que demuestra que los grandes libros para la infancia no necesitan hacer ruido: basta con comprender profundamente aquello que da seguridad a un niño.

























