Pececito
Mamiko Shiotani (texto e ilustraciones) y Natalia Asano (traducción): Pececito. Barcelona: Pastel de Luna, 2025, 36 páginas.

Hay álbumes ilustrados capaces de contar verdades complejas a través de metáforas sencillas. Pececito, publicado por Pastel de Luna, parte de una idea tan simple como poderosa: ¿qué ocurre cuando aquello que para unos forma parte de la vida cotidiana exige para otros un esfuerzo extraordinario?
Nuestro pez tiene que ir a la escuela cada día. El camino es el mismo que recorren sus compañeros, pero no las condiciones. Para él, vivir fuera del agua implica todo un ritual antes de salir de casa: ponerse unos pantalones de goma, colocarse un casco de cristal con las aletas por fuera, darse crema y calzarse unos zapatos. En este universo conviven animales y personas —niños, gatos, aves, reptiles— que comparten espacios, caminos, obligaciones y responsabilidades. La diversidad forma parte del paisaje sin necesidad de ser explicada. Pero nuestro pez necesita algo que los demás no necesitan para hacer algo tan sencillo como ir al colegio. Y, al principio, lo consigue.
Pececito no aparece como un personaje vencido por sus dificultades. Cada mañana se prepara y emprende el camino. Hay en su rutina esfuerzo, pero también una enorme voluntad por participar en la vida de los demás. Hasta que llega Educación Física. Correr con todo ese equipamiento resulta mucho más complicado. Una y otra vez termina en el suelo. Y lo que al principio parecía simplemente una dificultad que superar acaba convirtiéndose en algo diferente: deja de tener ganas de ir al colegio.

No siempre una barrera se percibe como una barrera desde fuera. Podemos ver a alguien que continúa avanzando, que se esfuerza y que aparentemente consigue hacer lo mismo que los demás. Pero eso no significa que las condiciones sean las mismas.
Es inevitable recordar El cazo de Lorenzo, de Isabelle Carrier. Allí, Lorenzo arrastra consigo un objeto que hace más difícil su relación con el mundo. En Pececito, los pantalones, el casco y los zapatos cumplen una función parecida: son necesarios para que pueda desenvolverse fuera del agua, pero también hacen visible el esfuerzo añadido que soporta cada día.

Sin embargo, la cuestión más interesante no es cuánto puede llegar a esforzarse Pececito, sino cuánto tiempo podemos pedirle a una persona que compense por sí sola aquello que el entorno no ha tenido en cuenta.
El cambio llega cuando sus compañeros comprenden lo que está ocurriendo. No le dicen que tiene que esforzarse más. Tampoco intentan que corra exactamente como ellos. Buscan otra posibilidad y le regalan unos patines. Es un gesto sencillo, pero cambia la situación.

Los patines no hacen desaparecer aquello que diferencia a Pececito de sus compañeros. Tampoco eliminan todas sus dificultades. Lo que hacen es permitirle participar de otra manera. La respuesta no está en convertirlo en alguien que pueda hacer lo mismo que los demás bajo las mismas condiciones, sino en encontrar una forma de que pueda formar parte de la actividad.
Y ahí la amistad adquiere un significado diferente. Sus compañeros no sienten lástima por él ni hacen el camino en su lugar. Observan, comprenden y buscan una solución junto a él.
La propuesta visual de Mamiko Shiotani acompaña esta idea con ilustraciones de tonos suaves, texturas delicadas y escenas llenas de pequeños detalles. El traje, que al principio forma parte de la rutina del protagonista, va adquiriendo otro significado a medida que comprendemos el esfuerzo que supone llevarlo. Frente a él, el resto de personajes se mueve con una naturalidad que hace todavía más evidente esa diferencia.

Pececito no necesita explicar qué es la inclusión. Le basta con mostrarnos a un personaje que quiere hacer lo mismo que los demás y un entorno que no siempre se lo pone fácil. La pregunta que deja el álbum no es cuánto debe esforzarse quien encuentra una dificultad, sino qué podemos cambiar quienes compartimos el camino con él.
Acompañar no siempre significa ayudar a alguien a superar una barrera. A veces significa preguntarnos si esa barrera tiene que seguir estando ahí.























