La Señorita Pasadomañana y el Juego del Tiempo
Adina Rosetti (texto), Cristiana Radu (ilustraciones) e Iuliana Botezan (traducción): La Señorita Pasadomañana y el Juego del Tiempo. Madrid: Omini, 2026, 60 páginas

La infancia es esa etapa fascinante en la que los niños, al abrirse por primera vez al mundo exterior, comienzan a interrogarse sobre los grandes misterios de la vida cotidiana. Conceptos tan abstractos e invisibles como el tiempo —el ayer, el hoy, el mañana o ese enigmático «pasadomañana»— se convierten en el motor de su curiosidad y, a menudo, de su impaciencia por crecer. Eso mismo le ocurrió a Clara, la hija de la escritora Adina Rosetti, que a los tres años empezó a preguntar por qué hoy se convierte en mañana, si el ayer ya ha pasado o por qué el futuro no llega más deprisa. Su madre respondió inventándole, antes de dormir, un cuento que fue creciendo noche tras noche hasta convertirse en este libro, donde el tiempo deja de ser una medida fría para convertirse en un reino vivo, habitado por personajes entrañables.

La Señorita Pasadomañana y el juego del Tiempo se publicó en rumano en 2014 con el título Domnișoara Poimâine și joaca de-a Timpul (Curtea Veche Publishing), con las mismas ilustraciones de Cristiana Radu que ahora acompañan esta edición revisada y ampliada de Omini, traducida por Iuliana Botezan. En el Reino del Tiempo, el viejo Tempus Primero gira cada día las manecillas del reloj de la torre para que el tiempo pase siempre igual, ni demasiado rápido ni demasiado lento, y ha confiado el reino a sus tres hijos: el Señor Hoy, la Señora Ayer y la Señorita Mañana. Pero su sobrina, la Señorita Pasadomañana, mimada e impaciente por crecer, se deja aconsejar por la Bruja Nunca, que ya fue desterrada por jugar con el Tiempo, y duerme a su tío para adelantar las manecillas.

El resultado es un caos con humor: Clara se encuentra con la Navidad en pleno verano, sus padres paran todos los relojes de casa y la niña se mira al espejo, ya mayor y asustada. Un grupo de duendes (Alguna Vez, Antaño, Siempre y Enseguida) despierta a Tempus tirándole de la barba y devuelve todo a su sitio.
La voz de Rosetti tiene un tono poético, con inventiva verbal y mucho sentido del humor. Los conceptos abstractos adquieren una materialidad física fascinante: los tarros de recuerdos de la Señora Ayer, las pompas de jabón del futuro, los nombres de los duendes, que son adverbios con patas. El humor llega con las rabietas de Pasadomañana, que pide un pastel de chocolate y enseguida prefiere bizcocho en almíbar, o con el cartel de la ciénaga de la Bruja Nunca, un guiño para los adultos. Estructuralmente, el libro avanza en capítulos ágiles que alternan el plano fantástico del Reino del Tiempo con las vivencias cotidianas de Clara en la Tierra, y ese vaivén da un ritmo envolvente que lleva al lector de la mano entre la fábula moral y la aventura visual.

Las ilustraciones de Cristiana Radu, de acuarela y recortes de letras, alternan azules nocturnos, amarillos de reloj y rosas, con una barba de Tempus que fluye como olas. La lección, que cada cosa tiene su tiempo, llega sin sermón.
Pero, sobre todo, este es un libro para compartir. Se abre con una «Breve introducción para los mayores», en la que Rosetti cuenta cómo nació la historia, y a lo largo de las páginas el narrador se dirige a quien escucha con invitaciones, advertencias y preguntas («vamos a conocer a Clara», «¿te das cuenta de lo horrible que podría haber sido?») que piden una voz. Hasta el desbarajuste del tiempo llega a la hora del cuento: la madre de Clara abre el libro antes de acostarse y las dos se quedan dormidas antes de acabar la primera página. El cierre es una fórmula de cuentacuentos que juega con la palabra pasado. Los capítulos con título permiten leerlo por entregas, con pausas para que el niño pregunte, que es justo lo que hacía Clara. Por eso funciona mejor en voz alta, con un adulto al lado, a partir de los cuatro años.
El libro está dedicado a Clara, a Antón y a los niños que pueden transformarse «siempre que quieran en dinosaurios con alas azules». Es una imagen que resume bien lo que el cuento defiende: dejar que la infancia vaya a su ritmo, ni demasiado rápido ni demasiado lento.

Quién es quién en el Reino del Tiempo
- Tempus Primero: el viejísimo guardián del reloj de lo alto de la torre. Su barba cae como una ola hasta la tierra.
- El Señor Hoy: hijo de Tempus. Serio, con bigotito y traje estrafalario, acompaña a los niños todo el día y nunca descansa.
- La Señora Ayer: hija de Tempus. Guarda cada día ya pasado en tarros etiquetados, en un armario que huele a lavanda.
- La Señorita Mañana: hija de Tempus. Jovencita y juguetona, con coletas rubias y una piruleta naranja, atrapa los días por venir en pompas de jabón.
- La Señorita Pasadomañana: sobrina de Tempus y prima de Mañana. Mimada, caprichosa y con prisa por crecer.
- La Bruja Nunca: también hija de Tempus, desterrada por intentar que el Tiempo volviera atrás. Remueve hierbajos en su ciénaga, acompañada de Jamás, un duende que se perdió allí.
- Alguna Vez, Antaño, Siempre y Enseguida: los cuatro duendes que despiertan a Tempus. Cambian de color varias veces al día.
- Antiguamente, Antes de Ayer y Érase Una Vez: las viejas amigas de la Señora Ayer, con las que toma el té por la tarde.
- Clara: la niña de la Tierra, que vive en el número 6 de una calle azulada.























