Entrevista a Marta Tutone

Entrevista a Marta Tutone

Hemos charlado con Marta Tutone, fundadora y editora (feliz, nos dice) de Liana Editorial. Tutone es traductora y también profesora en la Universidad Complutense, pero sobre todo es una personalidad cada vez más relevante en el mundo de la literatura infantil y juvenil, del cómic y de la cultura. Gracias a sus respuestas, podemos entender mejor cómo es el funcionamiento del mundo editorial, con todo su ecosistema de catálogos, traducciones, ferias, marketing y trabajo diario.

L.: En Literatil nos encanta el catálogo de Liana y nos sorprende la cantidad de libros que has publicado en tan poco tiempo. Si no recuerdo mal, empezaste en 2019, es decir, en unos siete años has construido un catálogo muy amplio. ¿Cómo lo haces? ¿Cómo es un día en la vida de Marta Tutone y cómo lo compaginas con otras actividades, como la académica?

M. T.: Bueno, en mi día a día estoy yo como editora y, en el caso de los cómics, cuento con la ayuda de Gabriel Reguero, que es diseñador gráfico y rotulista. Él se encarga de esa parte, lo cual es una gran tranquilidad. Cuando se trata de traducciones o de libros nuevos, trabajamos en diálogo con los autores para decidir cuestiones como la colocación de los bocadillos o determinadas decisiones visuales. Sé que puedo contar con su opinión, que es muy profesional, y eso me quita una gran preocupación, porque no tengo formación específica en ese ámbito más allá del gusto personal, pero como llevamos siete años colaborando, nos entendemos perfectamente y eso me da mucha confianza. En los últimos años también cuento con la ayuda de Alicia Santurde en la comunicación. Ella escribe sobre LIJ y cómic y ya tenía experiencia con editoriales independientes, así que ahora compartimos esa parte del trabajo que antes hacía yo sola.

Me gusta rodearme de gente con la que tengo afinidad y con la que se puede trabajar de manera colaborativa. Eso es algo bastante común en editoriales independientes o pequeñas.

L.: Precisamente sobre eso quería preguntarte: ¿Te sientes cómoda con la etiqueta de “editorial independiente” o “editorial pequeña”?

M. T.: El término “independiente” no implica necesariamente un tamaño, una forma concreta de trabajar ni unas condiciones iguales para todos. En la práctica, el tamaño influye mucho: determina la relación con librerías, los presupuestos de promoción, etc.

Dicho esto, sí, me identifico como editorial independiente. Y también con lo de “pequeña”. Es cierto que el crecimiento ha sido notable: empecé publicando seis libros al año y ahora estoy en torno a doce, que es mi límite para poder cuidar cada título como me gustaría. Además, los libros siguen generando trabajo incluso después de publicados: presentaciones, talleres, etc. Aunque es verdad que, cuando dejan de ser novedad, es más difícil moverlos.

En ese sentido, soy bastante activa e intento dar visibilidad al fondo en ferias y a través de otros canales. Me gusta hablar con lectores sobre libros que tienen años pero que siguen siendo relevantes. También utilizo las redes sociales para rescatar títulos del catálogo, especialmente cuando se relacionan con temas de actualidad, o con días internacionales de, por ejemplo, artistas, la salud mental o la diversidad.

L.: ¿Percibes que las redes sociales tienen un impacto real en la difusión y venta de tu catálogo?

M.T.: Sí, aunque es difícil medirlo de forma directa. Para mí no son un “mal menor”, sino una herramienta que me gusta usar porque me permite comunicarme con mi comunidad lectora. Es cierto que no todo el contenido llega a todo el mundo, incluso entre seguidores, pero aun así es una forma de contar lo que hacemos. Y cuando alguien comparte algo de la editorial, a mí me hace muchísima ilusión.

Las recomendaciones siguen siendo fundamentales. En un contexto de saturación informativa, que alguien recomiende un libro es muy valioso. Tengo una comunidad pequeña [N. B.: En Instagram, más de 10 000 seguidores] pero comprometida, y eso me parece importante.

L.: Por lo que cuentas, una editorial es su catálogo, su equipo, su comunidad de lectores y sus autores. ¿Faltaría algo más?

M. T.: Es muchas más cosas, pero eso sería una buena síntesis. También es importante la red de mediadores: docentes, críticos, divulgadores… Personas que recomiendan los libros desde distintos ámbitos.

Además, una editorial también consiste en hacer llegar libros de otros contextos culturales y en apostar por proyectos nuevos. A veces asumimos riesgos por coherencia o por pasión, incluso sin garantías comerciales. Creo que eso es bastante común en editoriales pequeñas: el catálogo es nuestra principal fuerza.

L.: En relación con tu catálogo, una de sus características ha sido la presencia de autores italianos. ¿Quieres mantener esa línea o ampliarla a otros contextos?

M. T.: El riesgo de encasillamiento existe. Por ejemplo, a menudo se identifica la editorial como infantil y juvenil, aunque muchos de nuestros libros no lo son exclusivamente (pienso, por ejemplo, en la biografía de Kusama).

He publicado muchos autores italianos por varias razones, entre ellas mi propia cercanía cultural, y porque el cómic angloamericano y franco-belga ya tenía mucha representación en España. Pero también he trabajado con autores de países nórdicos, cuya forma de abordar ciertas edades, como la adolescencia, me interesa mucho. Mi intención es mantener esa diversidad.

En cuanto a autores nacionales, tardé más en incorporarlos porque necesitaba consolidar el proyecto. Es importante poder ofrecerles un contexto adecuado en términos de visibilidad y recorrido. Ahora sí, tengo cada vez más proyectos de autores nacionales en marcha.

L.: ¿Cómo descubres a los autores y proyectos que publicas?

M. T.: Hay una parte muy personal, relacionada con el gusto estético. Pero también hay que pensar en los lectores: no todo lo que me gusta como lectora es publicable en mi editorial.

Recibo muchos proyectos por correo, pero es inabarcable atenderlos todos, y solo una pequeña parte de lo que publico viene de ahí. La mayoría de los libros que publico surgen de encuentros personales: en ferias, a través de recomendaciones o reuniones con agentes y editores.

Las ferias internacionales son clave, especialmente para la compra de derechos. También dedico tiempo al “cotilleo”, a explorar catálogos y descubrir editoriales nuevas. Es un proceso continuo de búsqueda y selección.

L.: Hablando de lectores, ¿cómo defines a tu lector ideal? ¿Hasta qué punto influye en tu editorial el cálculo frente al gusto personal?

M. T.: Intento equilibrar ambas cosas. Pienso en lectores críticos, que buscan libros que les hagan reflexionar o les planteen preguntas. Me interesan obras que tengan ironía y que generen diálogo, especialmente entre los más jóvenes.

Valoro mucho el contacto directo con lectores en ferias, porque me permite ver cómo interpretan los libros, qué descubren en ellos. Eso enriquece mucho la experiencia editorial.

Busco libros que conecten con temas actuales, que establezcan puentes entre el pasado y el presente, como las biografías que escojo, y que inviten a pensar. Sé que no todos los libros pueden llegar a todo el mundo, pero ese es el tipo de propuesta que me interesa.

L.: Para terminar, ¿qué nos pedirías a las revistas y medios que se dedican a la crítica de literatura infantil y juvenil?

M. T.: Me gustaría que hubiera más presencia de este tipo de literatura en la crítica, más allá de las listas de recomendaciones. Es importante analizar las obras en profundidad, porque eso permite descubrir aspectos que a veces pasan desapercibidos.

Creo que la literatura infantil y juvenil merece mayor visibilidad, ya que trata temas muy relevantes. También sería importante que el trabajo de investigación y crítica, como el que se hace en la universidad, llegara a un público más amplio, no solo a especialistas.

En cualquier caso, valoro mucho el trabajo que ya se está haciendo, que es maravilloso.

L.: Muchas gracias, Marta, por concedernos esta entrevista. Te deseamos mucha suerte.