Las rabietas reales
Sandra Alonso (texto) y Pam López (ilustraciones): Las rabietas reales. Barcelona: Editorial el Pirata, 2026, 36 páginas

La amistad no es un derecho adquirido ni un servicio de atención permanente; es, más bien, un jardín que solo florece cuando existe reciprocidad. Bajo esta premisa, Sandra Alonso nos presenta en Las rabietas reales a dos hermanos, un chico y una chica, cuya relación con los demás está atravesada por una exigencia desmedida. No piden: reclaman. Y en ese gesto cotidiano confunden el afecto con la obediencia.
Desde el punto de vista formal, la propuesta de El Pirata resulta especialmente acertada para quienes transitan ese emocionante y complejo camino hacia la lectura autónoma. El uso de la tipografía en mayúsculas, una estructura de apenas cuatro líneas por página y oraciones directas convierten el libro en un espacio seguro. Son decisiones técnicas que acompañan al pequeño lector y le permiten enfrentarse a una historia con fondo sin sentirse abrumado por la cantidad de texto.
En el apartado visual, Pam López vuelve a demostrar que no hace falta llenar la página de color para conmover. Sus ilustraciones parten de un minimalismo elocuente: una línea de suelo, un horizonte insinuado, apenas lo necesario para situarnos. Ese vacío no es carencia, sino una invitación a mirar donde verdaderamente sucede la historia: en los gestos, en las posturas, en la expresión de los rostros. Con muy pocos trazos, Pam hace visible la tensión de la mala educación y el peso silencioso de la soledad.

Sin embargo, donde el relato abre un debate más interesante es en su desenlace. Tras retratar con acierto el cansancio de los amigos —que, lógicamente, dejan de responder a las exigencias de los hermanos—, el conflicto se resuelve mediante un recurso que sabe a poco: la aparición de una mariquita y una pauta de respiración.
La calma es necesaria, sin duda, pero en una historia que había mostrado con tanta claridad la falta de civismo, se echa de menos un proceso de reparación más hondo. El enfado no desaparece por arte de magia: requiere reconocer el daño causado, aprender a esperar, escuchar al otro y ensayar la empatía. Ese tránsito aquí se simplifica en favor de una solución rápida.
Pero si la resolución emocional puede resultar apresurada, el libro recupera fuerza con un giro final que invita a la relectura. El narrador desafía al lector a volver atrás y buscar detalles u objetos ocultos en cada escena que habían pasado inadvertidos. Ese juego de observación devuelve al niño a las páginas de Pam López con una mirada nueva: menos pendiente del mensaje y más abierta al placer del descubrimiento.
Después del giro final y la invitación al juego, el libro incorpora un apartado dirigido a madres y padres: “¿Cómo gestionar las rabietas?”. En él, la autora ofrece un sencillo manual para prevenir la frustración, actuar durante la rabieta y acompañar lo que ocurre después. Estos consejos amplían el sentido del título y aportan un valor añadido a la obra, que trasciende el cuento infantil para acercarse también a la guía práctica. En cierto modo, Las rabietas reales se revela así como una guía para familias camuflada en un relato para niños.
Las rabietas reales es una herramienta técnica excelente para primeros lectores que, aunque opta por un cierre algo simplificado, se enriquece con un apartado final dirigido a las familias que refuerza su valor más allá del cuento. En conjunto, ofrece una valiosa oportunidad para que adultos y niños conversen sobre el verdadero precio de la exigencia y el valor del cuidado mutuo.
























