Flop y el lago Maarianne Dubuc Kalandraka reseña

FLOP y el lago

Marianne Dubuc (texto e ilustraciones) y Tamara Andrés (traducción): FLOP y el lago. Libros para soñar. Pontevedra: Kalandraka, 2026, 80 páginas

Flop y el lago Maarianne Dubuc Kalandraka reseña

Flop

Hay libros que necesitan capítulos para cambiar el rumbo de una historia. Este lo consigue con una sola palabra. La onomatopeya de una caída basta para cruzar el umbral entre la realidad y ese territorio simbólico donde los miedos dejan de perseguirnos para empezar a enseñarnos.

La literatura infantil está llena de monstruos que esperan ser derrotados. Sin embargo, de vez en cuando aparece un libro que propone una idea mucho más valiente: quizá el miedo no haya venido para impedirnos avanzar, sino para enseñarnos cómo hacerlo.

Esa es la premisa sobre la que se construye este álbum ilustrado. Mientras sus hermanos nadan, el pequeño conejo se limita a recorrer el borde del lago, saltando de piedra en piedra y preguntándose qué habrá más allá. Vive cerca del agua, pero nunca dentro de ella. Solo cuando una caída lo lleva hasta el fondo descubre que, a veces, el lugar que más miedo nos da también puede convertirse en el lugar donde empezamos a comprendernos.

En las profundidades aparece una figura tan sencilla como enigmática: una pequeña sombra negra con ojos. El álbum nunca explica quién es ni de dónde viene, y ahí reside buena parte de su fuerza. Puede ser el miedo, la inseguridad o cualquier otra emoción que cada lector decida reconocer en ella. Lo verdaderamente importante es que el conejo no intenta derrotarla. Se acerca, juega con ella y descubre que aquello que parecía una amenaza termina convirtiéndose en el mejor compañero para aprender a nadar. El miedo deja de ser un obstáculo para convertirse en maestro. Esta forma de representar el miedo recuerda, en cierto modo, a La visita, de Núria Figueras y Anna Font, también publicada por Kalandraka. Allí era el Silencio quien adquiría cuerpo para acompañar a la protagonista; aquí es una pequeña sombra negra la que guía al conejo en su aprendizaje. En ambos álbumes, una emoción abstracta se convierte en un personaje con el que es posible dialogar. El miedo deja así de ser un enemigo invisible para transformarse en un compañero de viaje.

Narrativamente, el álbum apuesta por una extraordinaria economía de palabras. Apenas unas frases por página bastan para sostener una historia que delega buena parte de su significado en las ilustraciones. Esa sencillez se ve reforzada por un inteligente uso de la tipografía: el texto aparece en versalitas mientras la acción transcurre en la superficie y pasa a la cursiva cuando el conejo se adentra en las profundidades. No es un cambio meramente estético; señala con sutileza el tránsito entre dos planos narrativos, el de la realidad cotidiana y ese otro espacio simbólico donde el protagonista se encuentra con sus miedos. Así, las palabras no describen lo que vemos, sino que acompañan el viaje interior mientras las imágenes completan aquello que el texto apenas insinúa.

La tipografía actúa casi como una frontera invisible. Igual que la onomatopeya «Flop» marca el paso de un mundo a otro, el cambio de letra ayuda al lector a comprender que ya no estamos leyendo la misma historia desde el mismo lugar.

Visualmente, Dubuc vuelve a demostrar esa capacidad para emocionar desde la aparente sencillez. Su trazo limpio, las composiciones despejadas y el contraste entre la luminosidad de la superficie y la calma de las profundidades convierten el lago en un espacio emocional tanto como físico.

Todo ello revela el enorme control narrativo de Marianne sobre el álbum ilustrado como lenguaje. Al asumir tanto el texto como las ilustraciones, la autora construye una obra donde cada decisión —la economía verbal, la composición de las páginas, el ritmo visual o incluso la elección tipográfica— responde a una misma intención expresiva. Nada parece accesorio. Todo contribuye a acompañar al lector en ese delicado tránsito desde el miedo hacia la confianza.

Hay miedos que desaparecen cuando los vencemos, pero otros solo empiezan a transformarse cuando dejamos de huir de ellos. Basta un «Flop» para descubrirlo.