nina y tita reseña

Nina y Tita

Beatriz García-Huidobro (texto) y Raquel Catalina (ilustraciones): Nina y Tita. Pontevedra: Kalandraka, 2026, 32 páginas.

¿Cómo son las abuelas de los cuentos? Si cerramos los ojos, probablemente imaginemos a una mujer con gafas, moño, agujas de punto y un delantal dispuesto para hornear galletas. Es una imagen que la literatura infantil ha repetido durante décadas y que forma parte de nuestro imaginario colectivo. Sin embargo, basta con observar a muchas de las abuelas de hoy para comprobar que esa representación ya no siempre coincide con la realidad. Viajan, practican deporte, tienen vida social, trabajan o llenan su agenda de actividades. No son mejores ni peores que las de antes; simplemente pertenecen a otra generación.

Sobre esa pequeña contradicción construye Beatriz García-Huidobro Nina y Tita, un álbum ilustrado tan sencillo como inteligente. A través de la mirada de una niña, la autora contrapone una y otra vez aquello que los libros dicen sobre las abuelas con lo que ella observa en las suyas. Mientras las páginas hablan de mujeres que tejen, cosen o permanecen siempre en casa, Nina y Tita viven el presente con un ritmo muy distinto. El desenlace, tan natural como revelador, resuelve ese aparente conflicto con una idea brillante: quizá los libros no estaban describiendo a las abuelas de hoy, sino a las bisabuelas.

Narrativamente, García-Huidobro demuestra una gran confianza en la inteligencia del lector. La historia avanza mediante una estructura acumulativa donde cada comparación amplía la anterior y prepara el giro final sin necesidad de artificios. No hay discursos sobre el cambio social ni juicios sobre un modelo familiar u otro; basta con observar el día a día de Nina y Tita para comprender que las familias evolucionan al mismo ritmo que la sociedad. Esa contención convierte el álbum en una lectura tan cercana como universal, capaz de despertar la sonrisa tanto en niños como en adultos.

Las ilustraciones de Raquel Catalina completan esa actualización del imaginario con una enorme naturalidad. Su trazo expresivo y lleno de vitalidad construye dos personajes alejados de cualquier estereotipo, pero profundamente reconocibles. Nina y Tita no parecen «abuelas modernas» porque el álbum no necesita demostrar nada; simplemente aparecen viviendo, disfrutando y compartiendo tiempo con su nieta. Son los pequeños gestos, las expresiones y la composición de cada escena los que transmiten esa sensación de autenticidad. Como ya demostraba en Grande y pequeña, Raquel Catalina entiende que ilustrar no consiste únicamente en representar lo que el texto cuenta, sino en ampliar su significado y dotarlo de una dimensión emocional propia.

Quizá ese sea el mayor acierto de Nina y Tita. Más que hablar de las abuelas, habla de cómo cambian los libros cuando cambia la sociedad. Sin renunciar a la memoria de quienes fueron las abuelas de ayer, este álbum abre la puerta a que los niños encuentren también entre sus páginas a las abuelas que conocen hoy. También merece una mención la cuidada edición de Kalandraka, que vuelve a demostrar su sensibilidad para incorporar a su catálogo álbumes ilustrados capaces de dialogar con la realidad contemporánea sin renunciar a la calidad literaria y visual. En un momento en el que la literatura infantil corre el riesgo de repetir ciertos modelos heredados, resulta especialmente valioso encontrar editoriales que apuesten por obras como Nina y Tita, capaces de cuestionar estereotipos, abrir conversaciones y ampliar el imaginario con el que crecen los lectores.

Porque los cuentos no solo conservan la memoria de quienes fuimos; también nos ayudan a reconocer a quienes tenemos cerca.