Narrativamente, GarcÃa-Huidobro demuestra una gran confianza en la inteligencia del lector. La historia avanza mediante una estructura acumulativa donde cada comparación amplÃa la anterior y prepara el giro final sin necesidad de artificios. No hay discursos sobre el cambio social ni juicios sobre un modelo familiar u otro; basta con observar el dÃa a dÃa de Nina y Tita para comprender que las familias evolucionan al mismo ritmo que la sociedad. Esa contención convierte el álbum en una lectura tan cercana como universal, capaz de despertar la sonrisa tanto en niños como en adultos.
Las ilustraciones de Raquel Catalina completan esa actualización del imaginario con una enorme naturalidad. Su trazo expresivo y lleno de vitalidad construye dos personajes alejados de cualquier estereotipo, pero profundamente reconocibles. Nina y Tita no parecen «abuelas modernas» porque el álbum no necesita demostrar nada; simplemente aparecen viviendo, disfrutando y compartiendo tiempo con su nieta. Son los pequeños gestos, las expresiones y la composición de cada escena los que transmiten esa sensación de autenticidad. Como ya demostraba en Grande y pequeña, Raquel Catalina entiende que ilustrar no consiste únicamente en representar lo que el texto cuenta, sino en ampliar su significado y dotarlo de una dimensión emocional propia.