Lost in translation

Ella Frances Sanders: Lost in translation. Barcelona: Libros del Zorro Rojo, 2016. 112 pp.

Nuestra amiga Emilia, bibliotecaria escolar, nos mostró Lost in translation por primera vez hace unos años, y sentimos al instante ese vuelco del corazón, ese ensanchamiento de los pulmones y dilatación de las pupilas que nos toma cuando damos con ese libro que buscábamos sin saberlo. ¿Existe una palabra para definir esa sensación?

Al ver el título pensamos: «¿Es por la (buenísima) peli de Sofia Coppola de hace unos años?», pero no, nada que ver. La expresión se usa en el mundo de la traducción para referirse a aquello que se pierde cuando traducimos palabras de una lengua a otra, a veces un detalle, otras veces parte del sentido o de la significación cultural original. 

El subtítulo del libro es definitorio: «Un compendio ilustrado de palabras intraducibles de todas las partes del mundo». Eso es, exactamente. Un diccionario de joyas verbales únicas. 

Ustedes conocerán la teoría del relativismo lingüístico de Benjamin Whorf, basada en la hipótesis de Sapir, ¿verdad? Viene a decir que cuando dos sistemas lingüísticos tienen vocabularios y gramáticas radicalmente diferentes, sus respectivos hablantes viven en mundos conceptuales radicalmente diferentes. Así, en consecuencia, una manera directa de abrirse al mundo, a otras formas de percibir, de pensar y de sentir, consiste sencillamente en aprender palabras intraducibles de otros idiomas. 

Esto es lo que parece haber motivado a la autora, Ella Frances Sanders, a componer el libro. Quiere ayudarnos, dice en el prólogo, a precisar emociones y experiencias, a «transformar en palabras ideas y sentimientos que antes no podías expresar con claridad». Pongamos algún ejemplo:

En español no tenemos una palabra para referirnos a la luz que se filtra a través de las hojas de los árboles. En japonés, sí: komorebi. Tampoco tenemos una palabra para referirnos a la cantidad de agua que cabe en la palma de la mano. En árabe, sí: gurfa. ¿Alguna vez has sentido el corazón latiendo con excitación e inquietud antes de iniciar un viaje? Los suecos llaman a eso resfeber. ¡Ah, cómo se ensancha la mente! ¡Cómo las palabras nos ayudan a ser conscientes, cuando las tenemos, de aquello a lo que se refieren!

Son cien páginas en formato pequeño (16,5 x 19 cm), y en cada doble página una sola palabra, con su definición y una explicación breve. La autora, de la que confesamos habernos enamorado locamente gracias a sus libros (ya hablaremos de las continuaciones de este), también ha ilustrado cada concepto con unas imágenes extraordinariamente naífs.

Solo hemos advertido un par de aspectos que lo mejorarían. Uno, que algunas palabras no están definidas conforme a su categoría gramatical. Por ejemplo, ¿de qué manera «asegurarse de que algo salga bien», o «dejarse llevar por la imaginación» pueden ser entendidos como «sustantivos», que es lo que se dice que son? Y dos, alguna indicación sobre la pronunciación de cada palabra (¿cómo suenan ya’aburnee (ár.) o gezellig (nl.)?) y sobre su escritura cuando el alfabeto es otro.

Lost in translation es un libro que no debe faltar en la estantería de quienes aman las palabras. Escojan ustedes una decena de ellas, sus favoritas, y apréndanselas. No solo asombrarán a sus amigxs, sino que también se volverán ligeramente más perceptivxs y sensibles, ensancharán su mente. Gracias, Ella.