Amor en una caja de cartón

Pilar Serrano Burgos (texto), David Sierra Listón (ilustraciones): Amor en una caja de cartón. Marid: Bookolia, 2018. 32 pp.

 

Amor en una caja de cartón es una lección sobre cómo debemos tomarnos los envites del destino. Ante cada suceso siempre hay, al menos, dos caminos abiertos. Uno que lleva probablemente a la furia, al descreimiento, al escepticismo, a la causticidad y con ello, a la deshumanización. Su opuesto nos guía hacia la risa, la magia, la idealismo, y, en gran medida por ello, hacia los otros. En medio una gama casi infinita de puntos medios. Pero, ¿los caminos nos eligen a nosotros o nosotros a los caminos? Quizás esa es la tesis de este libro. La respuesta la habrán meditado, y mucho, los dos protagonistas: esos vecinos cuyas mascotas parecen presentir y materializar la enemistad de sus dueños. Un perro que molesta a un gato, un gato que molesta un perro. Los dueños que claramente siente la misma animadversión. ¿Hacia dónde girará la historia? Tensión ambiental… que automáticamente es barrida por un golpe de viento que levanta por los aires una caja y secuestra al perro. Pero esto es solo el principio; después engulle al gato, a la abuela Rosalía, un puesto de flores, un circo completo con sus trapecistas y elefantes… E, incluso y como colofón, al vecino y la vecina, unidos en la “desgracia” de esa desesperada carrera por recuperar sus mascotas. ¿Lo adivinan? ¡Claro, nos lo dice el título! Sí, en el proceso se enamoran. Por supuesto, no es cualquier proceso. Tiene su contexto que explica y vaticina el desenlace. Un proceso lleno de azar mágico, lleno de música, circo, flores (lo que engulle la caja y crea, no casualmente, el “clima perfecto” para el amor). Un contexto, también, lleno de poesía; la poesía propia de los cuentos de fórmulas acumulativos y de las paranomasias y rimas internas buscadas en el texto de Pilar Serrano (a veces un tanto forzadas, a nuestro entender).

La propuesta de la historia rompe moldes no solo por el camino elegido (el espíritu positivo, la magia, el idealismo como construcción vital), por el final por el que se decanta, por su propio modo de expresión, y, también, por la avanzada edad de los protagonistas que evidencia la colorista y aérea ilustración de David Sierra (¡también hay amor en la tercera edad, sí señor!).

Recuperamos la pregunta de punto de partida: ¿los caminos nos eligen a nosotros o nosotros a los caminos? Nuestra opinión: en último término elegimos nosotros. Al fin y al cabo uno  escoge también detrás de qué tipo de cristales ve la vida. Porque como decía Ramón de Campoamor: “En este mundo traidor / nada es verdad ni mentira / todo es según el color / del cristal con que se mira”.