Rondas de Rodari
Juan Carlos MartÃn Ramos (texto) y Neus Caamaño (ilustraciones): Rondas de Rodari. Pontevedra: Kalandraka, 2026,48 páginas.

La ronda no es solo una estructura métrica, ni siquiera un simple divertimento de patio; es, en su esencia más pura, el primer ensayo de comunidad que experimenta un niño. Hay algo ancestral y profundamente poderoso en el acto de entrelazar las manos para cerrar un cÃrculo. En ese anillo humano, nadie está delante ni detrás; todos son principio y fin de una misma coreografÃa.
Como juego infantil, la ronda posee el valor de lo cÃclico, de lo que siempre vuelve para darnos seguridad. Es un refugio de ritmo y rima donde el cuerpo y la voz se sincronizan, transformando el barullo individual en una música compartida. Hablar de los momentos de corro es hablar de una geometrÃa de la confianza: un espacio donde la mirada del otro siempre nos encuentra y donde el centro se convierte en el escenario de la imaginación.

Este poemario no nace del vacÃo. Juan Carlos MartÃn Ramos propone en «Rondas de Rodari» un ejercicio que bebe directamente de la fuente inagotable del maestro de Omegna. Si Rodari nos enseñó que la palabra es un juguete cargado de futuro, estas rondas son el tablero donde ese juego se despliega con absoluta libertad.
La colección no se limita a homenajear sus textos; los habita. Se siente ese «binomio fantástico» latente en composiciones como «Parejas disparejas», y esa capacidad de subvertir lo cotidiano en piezas tan tiernas como «El hijo de Giuseppe, el panadero», donde el niño «amasaba palabras y horneaba argumentos». Es la literatura como masa madre de todos los cuentos.
En estas páginas, la herencia rodariana se hace cuerpo a través de una métrica que invita al movimiento. Poemas como «El señor maestro» funcionan como un manifiesto: la voluntad de que los pupitres se conviertan en caballitos de feria y de que el sol de la fantasÃa brille en la escuela. Incluso la guerra se transmuta aquà en una «Guerra de poetas»: una batalla sin heridas ni banderas donde los versos son los únicos disparos posibles. Es la literatura como territorio de paz, como ese rÃo que corre entre los dedos del niño que escribe.

El apartado visual de Neus Caamaño merece una mención aparte. Sus ilustraciones actúan como una verdadera partitura de color. Con formas geométricas rotundas y una paleta vibrante, los dibujos dictan el ritmo del juego. Las figuras parecen estar siempre en tránsito —corriendo detrás del viento, montando en bicicletas de trazo infinito o esperando trenes que van a todas partes—, reforzando esa idea de dinamismo y libertad que respira todo el libro.
En cuanto a su lectura, nos encontramos ante un libro de fronteras amables. Por su musicalidad y el componente lúdico de la ronda, es una obra que se disfruta plenamente a partir de los 6 años si se aborda desde la oralidad; es decir, si hay un mediador que ponga voz al ritmo y cuerpo al juego. Sin embargo, la riqueza de los juegos de palabras de MartÃn Ramos y las sutiles capas de ironÃa exigen un lector más experto (8-9 años) para ser disfrutados en toda su profundidad. Es, en esencia, un libro para ser leÃdo en compañÃa: uno que permite al pequeño jugar con el sonido mientras el mayor redescubre el ingenio.
Este poemario no es un monumento al maestro, sino un juguete compartido con el lector. Juan Carlos y Neus han entendido que la mejor forma de honrar a Rodari no es leerlo en silencio, sino usar sus versos como piezas de una construcción infinita. Es un texto que busca jugar con la infancia —la de los niños y la que los adultos aún guardamos bajo el sombrero— para recordarnos que la rima, como el corro, es un motor de libertad. Una obra para rodar, saltar y, sobre todo, para seguir inventando el mundo en cada vuelta.
























