El secreto mejor guardado del Gran Museo del Prado
Diego Arboleda (texto) y Paco Roca (ilustraciones): El secreto mejor guardado del Gran Museo del Prado. Madrid: Nórdica Libros, 2026, 88 páginas.

Todos hemos soñado alguna vez con sumergirnos en alguno de los cuadros de un museo. Poder cogernos de la mano y jugar con los niños de La gallina ciega, de Goya, o darnos un paseo por el enigmático y fantástico Jardín de las Delicias, del Bosco. Pero ¿qué pasaría si esos cuadros cobraran vida y se sumergieran en nuestro mundo real? A través de ese poder imaginativo infantil, Nórdica Libros nos trae una propuesta de Diego Arboleda y Paco Roca en la que viajamos hasta el Museo del Prado de Madrid. Un tándem que combina narrativa e ilustración para dar vida a una historia disparatada y entretenida en la que, además de reírnos, descubriremos alguna que otra curiosidad sobre las obras más famosas del museo.
Nos adentramos en uno de los museos más importantes del mundo junto a Prisca para descubrir la parte más mágica y aventurera de este famoso lugar. Cuando su madre, Olimpia, entra a trabajar en el museo, le cuenta las tres normas especiales que debe obedecer:
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Cuando se vayan a cerrar las salas más viejas, nunca debe quedar ningún visitante.
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Si por casualidad quedan visitantes, nunca, nunca debe quedar solo uno.
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Si, por descuido, queda un solo visitante, nunca, nunca, nunca se debe hacer una rima delante de él.
Estas tres curiosas normas darán pie a una serie de locas aventuras en torno a cuadros tan famosos como Las meninas, de Velázquez, o El lavatorio, de Tintoretto. Personajes que cobran vida, risas que no vienen de ninguna parte y un personaje misterioso que querrá contar a Prisca el secreto mejor guardado del museo.
Pero, haciendo honor al título, el secreto mejor guardado de este libro es la combinación que surge entre sus dos autores. Un secreto a voces, eso sí. Porque hablar de Diego Arboleda y Paco Roca es hablar de dos nombres destacados del panorama literario y artístico nacional. En esta obra establecen un diálogo que funciona porque ninguno necesita asumir todo el protagonismo. Ambos saben encontrar su lugar dentro de la historia. Texto e ilustración se complementan a la perfección.
Por un lado, tenemos la carismática y entretenida forma de narrar de Arboleda. En este caso encontramos un texto en el que el absurdo se pone al servicio de una historia que derrocha originalidad. Diego sabe muy bien cómo es la mente de un niño y escribe para él. Incluso se podría decir que escribe con ella, jugando con esa lógica disparatada que es motor de nuevas aventuras. Una forma de narrar que invita a los pequeños lectores a dejarse llevar por la imaginación y a disfrutar de una historia en la que todo parece posible.

Por otra parte, el estilo único de Paco Roca acompaña perfectamente al texto. Sus ilustraciones, llenas de color, nos permiten compartir las experiencias de Prisca de manera tangible. Mención especial merecen algunas dobles páginas, llenas de dinamismo y plasticidad, que invitan al lector a detenerse y contemplar. Curiosamente, como cuando te plantas delante de un cuadro del Museo del Prado. De este modo, la ilustración no se limita a acompañar la narración. También nos invita a disfrutar de las imágenes y a detenernos en ellas.

La estructura de la historia permite ir descubriendo el misterio a través de la mirada de Prisca, lo que ayuda a los más pequeños a sentirse parte de la aventura. Además, una trama paralela refuerza ese tinte misterioso, casi detectivesco. Un personaje misterioso que será la clave en las últimas páginas. Todo ello se acompaña de referencias a los cuentos clásicos de Andersen, que van dando vida a diferentes escenas de la historia. Sin embargo, la relación entre estos relatos y el misterio principal resulta algo precipitada. Una conexión que podría haber dado mucho más juego si se hubiera desarrollado de forma algo más pausada.
Pero vayamaos a uno de los aspectos que más valor le dan a la obra: su funcionalidad didáctica. Porque no estamos ante otro libro sobre el Museo del Prado que se limite a presentar sus cuadros de una forma más amena. El libro de Arboleda y Roca apuesta por acercar el arte a través del juego y de las posibilidades creativas de la narrativa fantástica. Los cuadros dejan de ser algo que contemplamos desde fuera para convertirse en parte de una aventura en la que todo parece posible. Y así, entre situaciones disparatadas y alguna que otra curiosidad, el Museo del Prado se transforma en un lugar mucho más cercano y accesible para los pequeños lectores. Acercar el arte de esta forma me parece un gran acierto.
Una obra con dos autores de lujo para reir y disfrutar pero también para aprender alguna que otra curiosidad. Para acercarnos a los cuentos de Andersen o a los cuadros de artistas como Velázquez. Para convertirnos en detectives por un tiempo. El secreto mejor guardado del Museo del Prado es una invitación a soñar despiertos pero, sobre todo, a jugar. A jugar con esa libertad creativa que tiene la imaginación infantil. Pero, por favor, no olvidéis que es importante guardar el secreto de nuestro gran museo.























