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Mi sombra es violeta

Scott Sutart (texto e ilustraciones): Mi sombra es violeta. Barcelona: Editorial el Pirata, 2026, 40 páginas.

El origen de Mi sombra violeta (Scott Stuart) encierra una revelación incómoda. Cuenta el autor que, durante una lectura virtual de su anterior éxito (Mi sombra es rosa), una maestra preguntó a los alumnos: «¿Y de qué color son vuestras sombras?, ¿azules o rosas?». Al instante, la libertad con la que los niños se definían hasta entonces se encogió para encajar en el bando impuesto. De esa urgencia por romper el binarismo nace esta secuela.

Afortunadamente, el mundo real no se reduce a unos y ceros. Es un arcoíris cada vez más visible, y así es también nuestro protagonista. Mientras su papá tiene una sombra azul y su mamá una rosa, la suya es violeta. Durante la primera mitad del libro lo acompañamos en un día a día libre, disfrutando tanto de las cosas de niños como de las de niñas, habitando ese color intermedio con total comodidad.

El conflicto llega con las normas adultas. El día del baile escolar, la maestra divide la clase de forma radical: o azules o rosas. Al no reconocerse en ningún lado, el protagonista se marcha a casa triste y desubicado. Por suerte, el camino le depara un encuentro luminoso con alguien de sombra amarilla que le descubrirá una paleta entera de posibilidades.

Es a partir de ahí donde la historia verdaderamente se colorea. El regreso al baile se convierte en el catalizador para que el resto de niños y niñas salgan de sus caparazones y se atrevan, por fin, a proyectar su verdadero color.

Una fábula visual tan sencilla como necesaria para trabajar la diversidad en las aulas, recordándonos que encajar nunca debería significar renunciar a nuestros propios colores.