Fuga en luz mayor
Laura S. Maquillón (texto): Fuga en luz mayor. Madrid: Crononauta, 2025, 284 páginas.

El odio alimenta el odio. Es posible que esta sea una de las afirmaciones más dolorosas y, a la vez, reales de nuestra sociedad. Es, además, uno de esos defectos que, a lo largo de nuestra historia, no hemos sido capaces de desaprender. Un defecto que incluso hemos ido «adornando» con nuevos odios. A lo desconocido, a lo diferente, a lo extraño. Así nos ocurre con religiones, razas, ideologías e incluso orientaciones sexuales. Frente a ese odio, muchos autores y autoras han decidido dar un paso al frente y acercarnos, a través de la literatura, a una visión esperanzadora. Incluso en Fuga en luz mayor, de Laura S. Maquilón editado por Crononauta, se nos muestran sin tapujos esos odios irracionales a través de la ciencia ficción, abriendo una posibilidad de reflexión imprescindible.
En Kitán, dos siglos de paz mantienen en tenso equilibrio a una sociedad dividida entre kitanis y tseyikis. Pero una noche, un disparo que alcanza a Eu’gal, la compañera de Ryu-ji lo quiebra todo. A ello se le une la explosión de un almacén de comida que hace saltar por los aires esa frágil convivencia. Acusada de colaborar en los atentados y atrapada en una espiral de violencia, Ryu-ji tendrá que enfrentarse a un sistema en el que las creencias marcan las diferencias. Unas diferencias que alimentan prejuicios. Y unos prejuicios que acaban convirtiéndose en odio. Mientras el conflicto amenaza con resquebrajar la paz, Ryu-Ji también tendrá que decidir dónde se encuentra su lugar.
Pero vayamos con lo que, para mí, es el verdadero tesoro de la novela: el universo creado por Laura. La autora nos regala una explosión de creatividad que es fascinante para los amantes del género. Estamos ante un worldbuilding absolutamente delicioso. El entramado político-religioso, aunque complejo de entender al inicio, está perfectamente estructurado. Este universo no actúa como mero decorado sino que es parte fundamental para entender los conflictos que surgen entre los personajes y entre las diferentes facciones espirituales de la novela. Porque en Kitán las creencias no solo definen la forma de relacionarse con lo divino. También condicionan el lugar que cada individuo ocupa dentro de la sociedad. Y es precisamente ahí donde la autora encuentra un terreno fértil para explorar ese desequilibrio social.
En esa sociedad tan singular, me ha llamado mucho la atención la forma en la que Laura S. Maquilón construye la sociedad kitani. Se trata de una especie que, generalmente, rechaza lo diferente y sitúa en el centro de su vida a una deidad: Wakaoki. Un dios que lo envuelve todo y al que está prohibido renunciar. Además, los kitanis tienen una concepción de la familia bastante especial. Crecen en nidos de larvas que comparten con quienes serán sus hermanos de nidada. Una vez que se desarrollan, eligen a su propia unidad familiar. Se trata de una particularidad cultural que enriquece el universo creado por la autora y nos ayuda a comprender cómo se articulan los vínculos familiares dentro de esta sociedad.
En cuanto a la estructura narrativa, estamos ante una obra coral que se va desarrollando a través de varios personajes. Estos diferentes puntos de vista generan una atmósfera bastante misteriosa. De hecho, esta estructura está cargada de simbolismo, pues tiene mucho que ver con el concepto musical de fuga que da título al libro: una pieza musical en la que el tema principal se desarrolla a través de varias voces o elementos instrumentales. Si bien esto hace que en el primer cuarto de la obra el lector pueda sentirse algo desorientado, la progresión de la trama ayuda a que él mismo vaya rellenando los huecos en blanco. Al final de la lectura, esa fuga literaria tendrá todas las piezas del puzzle bien encajadas.
Con esta nueva novela, Laura S. Maquillón nos empuja a reflexionar sobre el fanatismo político y religioso. Un fanatismo que, como muestra la historia, genera grietas sociales y provoca odio, incomprensión e intolerancia. En este aspecto, el personaje de Hae-Bo me ha parecido crucial para entender cómo una idea llevada al extremo, puede nublarte la toma de decisiones y convertirte en un títere del sistema. Un tema que, bien dinamizado, puede ser muy interesante para llevar a cursos superiores de Secundaria, generando un debate necesario.
Con su simbólica Fuga en luz mayor, Laura se postula como una de las grandes voces dentro del género de la Ciencia Ficción a nivel nacional. De hecho, mientras se escribía esta reseña, la novela ha ganado el Premio Ignotus 2026 a Mejor Novela. Y es que la ciencia ficción es un género que, como bien dice ella, «no habla del futuro sino del presente». Un género que, aunque menospreciado en ocasiones, es capaz de profundizar en temas tan cruciales como la xenofobia o el colonialismo de un modo crítico y reflexivo.
Kitán puede estar poblado por seres que nada tienen que ver con nosotros, pero sus miedos, sus prejuicios y sus odios nos resultan demasiado familiares. Quizá por eso esta historia nos recuerda que el odio no aparece de la nada. Se alimenta de aquello que tememos, de las diferencias que no comprendemos y de las barreras que levantamos frente a quienes consideramos extraños. Y en ese fango, Laura nos muestra que nuestras diferencias no tienen por qué convertirse en una barrera. Al contrario, pueden convertirse en la oportunidad perfecta para enfrentarnos a ese odio irracional y vencerlo.























