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Amelia Power

Vilma Montoliu (texto) y Laura Morcap (ilustraciones): Amelia Power. Primer curso o bienvenida al desastre. Barcelona: laGalera, 2026, 288 pág.

Entre los diez y los trece años, la vida da un giro enorme. Es el verano en que se termina la Primaria y se empieza la Secundaria, y con él llegan cambios por todas partes: el cuerpo se transforma, las amistades se reordenan, aparecen nuevas inseguridades y de pronto parece que hay que ser mayor antes de sentirse preparada. Muchas niñas viven esta etapa con especial intensidad, porque se encuentran con más presión social, más comparaciones y más expectativas sobre cómo deben ser, justo cuando aún están descubriendo quiénes son. Es un tránsito emocionante, pero también desconcertante, y por eso resulta tan valioso encontrar historias que lo cuenten con honestidad.

En Amelia Power conocemos a una chica que afronta ese salto de Primaria a primero de la ESO y, además, la pérdida de su abuela durante el verano. Para ayudarla a procesar el duelo, su psicóloga le propone escribir un diario dirigido a su abuela, contándole cómo es su nueva vida. Así, el libro adopta el formato de diario íntimo, con entradas que mezclan anécdotas, reflexiones y emociones muy reconocibles para cualquier chica de doce años. Las ilustraciones en escala de grises, con amigas, recuerdos familiares y objetos cotidianos, se completan con pequeños garabatos en los márgenes que imitan un cuaderno real, de esos en los que se divaga mientras la mente busca cómo expresarse.

La terapia es una de las grandes aportaciones del libro. Ver cómo Amelia afronta situaciones difíciles con ayuda profesional ayuda a normalizar que acudir a consulta es algo común entre los jóvenes, restando tabúes y evitando que quienes pasan por algo parecido se sientan «raros» por pedir ayuda. Debería ser como ir al gimnasio: a todos nos viene bien. Es posible, eso sí, que a algunas lectoras no les entusiasme leer estos pasajes, porque las sacan un poco de la dinámica del día a día de Amelia y del ritmo de la historia.

Más allá de ser una lectura de ficción juvenil, la novela funciona como espejo y refugio para quienes cruzan el umbral de la preadolescencia. Habla de cómo convivir con una ausencia mientras todo alrededor cambia a un ritmo vertiginoso, del valor de la amistad femenina y de la importancia de construir relaciones de confianza que sirvan de sostén en los conflictos cotidianos. Y deja un mensaje tranquilizador: no hace falta ser perfecta ni tenerlo todo bajo control, basta con crecer paso a paso.

Una lectura que funciona, y que funciona de verdad. Conecta con las chicas de esta edad porque encuentran en Amelia a alguien como ellas, capaz de enfrentar y acoger todo lo que les espera en ese primer año de instituto: los nervios del cambio, las amistades que se mueven, las inseguridades y también las ausencias. No es casualidad que se devore con facilidad, incluso entre lectoras a las que les cuesta mantener la atención en los libros. Una obra que acompaña, que hace sentir menos solas a sus lectoras y que, precisamente por eso, merece un lugar en sus estanterías.