Wonder: Charlotte tiene la palabra

R. J. Palacio: Wonder: Charlotte tiene la palabra. Barcelona: Nube de Tinta (Penguin Random House), 2015. 190 pp.

Lo interesante de una serie de libros en torno a los mismos personajes es el cruce de caminos en sus vidas y de los diferentes momentos de la historia. En esta cuarta parte de Wonder, volvemos al año 1 del relato, el curso en que August Pullman va a entrar en la escuela Beecher, cuando se monta todo el lío por su cara, las burlas de algunos compañeros, y todo lo demás. Ahora, sin embargo, vemos lo sucedido a través de los ojos de Charlotte, una de las chicas de su clase.

El libro nos cuenta cómo Charlotte es seleccionada para participar en el baile de la gala benéfica del instituto, y vamos recorriendo con ella los ensayos, las relaciones con sus compañeras, las excentricidades de su profesora… hasta llegar al gran evento. Claro, en torno a este eje central van apareciendo otros personajes que ya conocíamos (August, Julian, el señor Traseronian…), y se nos muestra la terrible “guerra de chicos” por el asunto Auggie. Ya sabíamos que Charlotte fue una de las que acogió inicialmente a August Pullman en su llegada al centro, y que había sido simpática con él al principio, pero bastante neutral en adelante. Ahora, en este libro, se nos presentan sus motivos, sus dudas sobre cómo posicionarse, el juego de relaciones entre todos (todas, especialmente) los alumnos del colegio.

Como Charlotte es una persona simpática, que nos agrada desde el principio, la voz narradora en primera persona nos hace que el libro sea también agradable de leer. La protagonista se sincera en muchos momentos, se expresa con soltura y su entusiasmo y su alegría nos contagian. Junto a Charlotte, tienen especial protagonismo Summer (si los lectores se prendaron de ella en el primer libro, aquí tienen la ocasión de volver a verla de cerca) y Ximena, sus compañeras en el baile.

Es este un libro sobre chicas y, en buena medida, un libro para chicas. Sí, hay que decir que los sexos están muy marcados en esta serie de libros. Hay momentos bastante divertidos, o tal vez bastante pavos, en esas confidencias de chicas en casa de alguna de ellas, y se hace un especial hincapié en mostrar su manera de ver las cosas, opuesta a la de los chicos. Sin embargo, hay que estar alerta de algunos estereotipos en la obra. Hay una obsesión por la frívola ingeniería de grupos sociales en el instituto: tú de qué lado estás, tú a quién le gustas, tú eras pero ya no eres su amiga o sea que ahora puedo ser tu amiga. También está retratada la manía de la popularidad (ese concepto tan yanqui), brindándonos descripciones como esta acerca de las aspiraciones femeninas: “qué bien se liaba la bufanda al cuello, qué bien le quedaban los vaqueros, qué bien se recogía el pelo en una trenza. ¡Todo en ella era perfecto!” (p. 57); o “Esto es lo que se siente al ser famosa, pensé. Y me encantó” (p. 162). Y hay finalmente un tufillo tópico a teleserie norteamericana en las jugarretas rastreras de adolescentes despechadas. Esta estereotipicidad es, a nuestro juicio, el punto negativo de la obra. Además, con tanto vaivén de “ella era mi amiga del alma y al curso siguiente no puedo ni verla pero jamás le explicaré los motivos”, se desprende un mensaje implícito que viene a decirnos: estate en alerta preventiva con las que dicen que son tus amigas, ojo que puede que no sea cierto lo que crees saber sobre ellas.

El punto fuerte, sin embargo, es la ligereza con que se lee este best-seller. Los títulos de los capítulos son muy vivos, así como las descripciones de personajes a través de diagramas de Venn (esto, particularmente, es un recurso que nos ha gustado), las conversaciones por mensajes de texto siguen siendo bien recibidas en pequeñas dosis, y en general el tono de la novela engancha bastante. La química entre las protagonistas da gusto, y se disfrutará mucho el capítulo “Verdad o Acción” (modalidad USA de nuestro “beso, atrevimiento o verdad”). Por último, el retrato del lenguaje  adolescente, sin llegar a un Salinger, es bastante logrado en ocasiones: “Los que me conocen siempre me dicen que soy muy dramática. No tengo ni idea de por qué lo dicen, porque yo no soy nada, pero nada de nada, dramática. Sin embargo, cuando vi que el hombre del acordeón no estaba, se me fue la olla. No sé por qué, pero el caso es que me obsesioné y no podía parar de darle vueltas a qué podría haberle pasado. ¡Era como un misterio que tenía que resolver!” (p. 14).

Así que ya ven, continúa la serie Wonder, y no dejará mustios a sus seguidores, especialmente si estos seguidores son seguidoras.

Pero no queremos concluir sin atar dos cabos, porque hay dos cosas que no entendemos, y que le preguntamos desde aquí a la autora (la primera) y a la editorial (la segunda).

La primera es la subtrama del acordeonista ciego. Entendemos que pretende servir de elemento estructural, abriendo y cerrando la novela, pero ¿por qué no está más integrado en la historia? ¿Qué papel juega? ¿Qué significa?

La segunda es sobre el título del libro. Ya vimos en El juego de Christopher que la traducción del título había dejado fuera un importante juego de palabras. En este cuarto libro sucede algo parecido. El título original es Shingaling. A Wonder Story. El shingaling es el tipo de baile que están ensayando Charlotte y sus amigas durante toda la novela. ¿Por qué los editores han querido centrar la serie en los nombres de los personajes, y no en esos aspectos argumentales que son tan relevantes?