Tesoros en los bolsillos
Isabel Cobo (texto) y Mar Azabal (ilustraciones): Tesoros en los bolsillos. Colección PoesÃa. Pontevedra: Kalandraka, 2026, 48 páginas.

La infancia no se distingue por tener más cosas que los adultos, sino por mirar de otra manera. Donde los mayores vemos una piedra, un puñado de semillas o una nube pasajera, un niño descubre un universo entero. Crecer no consiste en dejar de imaginar, sino en olvidar cómo se miraban esas pequeñas maravillas.
Desde esa certeza nace Tesoros en los bolsillos, un poemario en el que Isabel Cobo convierte los bolsillos de una niña en un espacio donde cabe mucho más que lo que puede sostener una mano. Allà se guardan objetos, sÃ, pero sobre todo instantes, emociones y fragmentos de naturaleza que solo una mirada verdaderamente atenta serÃa capaz de reconocer como tesoros.

Quienes hayan leÃdo Mañana reconocerán enseguida la voz de Isabel Cobo. Continúa escribiendo desde la contemplación, con un ritmo pausado que invita a demorarse en cada imagen. Si en aquel poemario la mirada se dirigÃa hacia el tiempo y el porvenir, en Tesoros en los bolsillos se posa sobre el presente, descubriendo que
la verdadera riqueza de la infancia no consiste en acumular objetos, sino en aprender a detenerse para mirar.
Uno de los mayores aciertos del libro reside en su construcción. Las primeras páginas invitan a pensar que estamos ante una colección de pequeños objetos encontrados durante un paseo. Sin embargo, poema a poema, los bolsillos dejan de ser un espacio fÃsico para convertirse en un lugar simbólico donde también caben el viento, las tormentas, la memoria o los caminos invisibles. Isabel Cobo ensancha poco a poco el significado de la palabra «tesoro» hasta hacerlo prácticamente infinito.
Ese tránsito se percibe con especial claridad en algunos de los poemas más memorables del libro. Al principio, la protagonista guarda semillas, piedras o pequeños hallazgos encontrados durante sus paseos. Poco a poco, los bolsillos comienzan a llenarse también de un viento roto, del reflejo del sol sobre las rocas, del vuelo de una libélula o incluso de una tormenta que necesita perder el miedo a sus propios truenos. Lo material deja paso a lo invisible hasta que el verdadero tesoro ya no es aquello que puede tocarse, sino aquello que solo permanece vivo en la memoria y en la imaginación.

Las ilustraciones de Mar Azabal no se limitan a representar los tesoros que aparecen en los poemas; construyen el estado de contemplación desde el que esos tesoros pueden ser descubiertos. Con una paleta suave, espacios abiertos y composiciones donde el silencio también ocupa un lugar protagonista, la ilustradora invita al lector a detenerse, observar y dejar que la mirada se demore sobre aquello que normalmente pasa desapercibido. Texto e imagen comparten asà una misma poética del asombro, convirtiendo cada doble página en un pequeño refugio para la imaginación.
Al terminar el libro comprendemos que los bolsillos de la niña ya están vacÃos. Todos aquellos tesoros han sido depositados entre estas páginas para que cada lector pueda guardarlos de nuevo en los suyos. Porque algunos libros no se limitan a contar el mundo: nos enseñan otra manera de salir a buscarlo.

























