Ratones al tren
Xosé Manuel Gonzalez «Oli» (texto) y Natalia Colombo (ilustraciones): Ratones al tren. Colección libros para soñar. Pontevedra: kalandraka, 2026, 36 páginas.

Lo primero que salta a la vista y enamora al lector es la singular concepción anatómica y la paleta de color de sus personajes. Alejándose del dibujo tradicional donde el ratón se representa como un todo continuo, Natalia Colombo nos propone una solución gráfica llena de frescura.
Los protagonistas tienen una cabeza expresiva y dominante, un pelo hirsuto muy característico, trazado con delicadas texturas a modo de abanico, y un cuerpo minúsculo del que surgen brazos y piernas con líneas muy finas. Manos de tres dedos, pies marcados con sutiles trazos y una gran variedad de accesorios (mochilas coloridas, maletas con ruedas, gorras o gafas de sol) que dotan a cada ratón de una personalidad única. Con sus rostros afables y sonrientes, transmiten una alegría contagiosa que invita inmediatamente a formar parte de su viaje.

El argumento, concebido con gran agilidad, nos invita a acompañar a este entrañable grupo de viajeros en un recorrido cotidiano transformado en una gran aventura. Desde el camino por la avenida hacia la fachada verde de la estación, pasando por la tienda de regalos, la sala de espera y el andén, hasta subir al tren. El texto y la imagen acompañan a los personajes por los distintos rincones del trayecto (el coche bar, los aseos, el vagón de silencio o las zonas de literas), reflejando el bullicio y la emoción de viajar juntos.

El texto de Oli destaca por una cuidada estructura en rima (con rima asonante o consonante en los versos pares) organizada en estrofas de cuatro versos por página. Su mayor acierto literario es el recurso del encadenado: el primer verso de cada página conecta directamente con el último de la página anterior, creando un flujo de lectura continuo, musical y envolvente.
Como se aprecia al inicio del trayecto:
«Por la avenida,
(página 6)
prestad atención,
vienen los ratones
hacia la estación.»
«En la estación,
(página 9)
puertas y vallados,
pasan sin billete
los recién llegados.»
Aunque la estructura rítmica es impecable, queda la pequeña curiosidad de que la historia no adopte una forma totalmente circular (donde el último verso enlazase con el primero), un detalle que habría cerrado el círculo del viaje a la perfección.

Las guardas del libro merecen una mención especial como broche de oro. Si las guardas iniciales anticipan los elementos de la estación, las guardas finales actúan como un gran collage de vivencias: un recopilatorio donde los ratones reaparecen interactuando con todo lo vivido, permitiendo repasar la historia a través de los elementos presentes.

El propio título, Ratones al tren, funciona como un guiño cómplice a ese inconfundible aviso del revisor en el andén: «¡Pasajeros al tren!». Esta obra no solo nos cuenta un viaje, sino que es una calurosa invitación para que pequeños y mayores saquemos nuestro billete y nos subamos al divertido, rítmico y entrañable tren de estos ratones.
¡Un viaje ilustrado que dan ganas de repetir una y otra vez!























